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Ramón
Palacios:
El poeta viroleño de Moncagua
Llegó
a Moncagua hace más de diez años para trabajar
por el desarrollo de las artes y la cultura. Halló
una fuente de inspiración para fortalecer su obra literaria
San Miguel
Flor Lazo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
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Desde la casa de
la cultura de Moncagua, el escritor Ramón Fernando
Palacios Trejo crea su producción literaria.
Ya pasaron los tiempos duros que tenía que ganarse
la vida como carpintero. Foto
EDH
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La poesía de Ramón Fernando Palacios Trejo
es simplista y serena. Tanto como las calles de la apacible
ciudad de Moncagua, que le han servido de fuente de inspiración
desde que llegó al lugar, hace más de 10 años,
para hacerse cargo de la Casa de la Cultura y contribuir con
el desarrollo de las artes y la cultura.
Este menudo hombre de tez morena y manos gruesas nació
en Zacatecoluca, La Paz, hace 49 años; sin embargo,
encontró en Moncagua su segundo hogar debido a la calidez
y amabilidad de su gente, que ahora lo reconocen como uno
de los suyos gracias a su labor cultural.
La vida de Fernando está marcada por el trabajo, deseos
de superación y el amor a las artes. Esto lo hace figurar
como un ejemplo para todos aquellos que acuden a las actividades
que se organizan en la Casa de la Cultura o han leído
uno de sus libros de poemas.
Hoy en día, Fernando se encarga de organizar concursos
de pintura, escultura, poesía y festivales, en los
que se destaca la identidad cultural y las costumbres autóctonas
de este pueblo migueleño.
Para conocer sobre la trayectoria de Palacios Trejo es preciso
remontarse hasta las calles del barrio Analco, en Zacatecoluca,
y pasar por las aulas de la escuela primaria Francisco Pineda.
Dice que mi afición por la poesía comenzó
en la escuela. Mis poemas eran colocados en el períodico
mural y los maestros me animaban a escribir más.
Mientras se preparaba intelectualmente, este viroleño
amante de la obra de César Vallejo y Walt Withman aprendió
el oficio de carpintero, para ayudarle a su madre en el sostenimiento
del hogar.
A finales de los ochentas, estudió la secundaria en
el colegio Walter Deininger de Santa Tecla, La Libertad, y
luego se graduó como bachiller en contaduría,
en el Instituto Nacional de Zacatecoluca.
El soldador
Su paso por las aulas fue en la nocturna, ya que durante el
día se desempeñaba como mecánico soldador
industrial, carpintero o maestro cajonero.
El siguiente paso académico de Fernando fue un técnico
en cooperativismo social que se impartió por primera
vez en el Tecnólogico de Zacatecoluca. Sin embargo,
nunca se desempeñó en esta profesión
porque no me daba lo sufiente para sostener a mi familia.
Por eso continué con mi oficio de carpintero y cajonero
artesano de ataúdes.
En este período de su vida fue que conoció a
la mujer que sería su esposa y la madre de sus cuatro
hijos. Además, su inclinación literaria se incrementó
al punto tal que exponía y recitaba sus obras en la
Casa de la Cultura de su natal Zacate.
Al cabo de muchos años de escribir poesía como
un pasatiempo, le llegó el reconocimiento y la publicación
de sus trabajos. En 1983, ganó los Juegos Florales
de Zacatecolu-ca y en el 84 formó parte de los 14 poetas
que publicaron el libro Escritores indéditos
por la paz.
Para 1992, Fernando recibió el cargo de Director de
la Casa de la Cultura de Moncagua. Acá es que nacieron
otras obras, entre las que sobresale el libro Noche
de Eros que está dedicado a las mujeres
amadas, aquellas que rezan oraciones por nuestras miserias,
disolviéndolas en su magia... haciéndonos más
amena la vida.
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