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Áreas
sensibles de costa identificadas
Ayudaría
a establecer los planes de contingencia en caso de que ocurriera
un derrame de combustible. También se debe tomar en
cuenta en la ejecución de cualquier tipo de obras
ORIENTE
Enrique Maldonado
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
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La actividad humana
produce un impacto en el entorno que disminuye los recursos.
Se necesita un monitoreo constante para actualizar los
índices de sensibilidad.
Foto oriente
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El Salvador es el único país en el mundo que
cuenta con un mapa del litoral en que se representan los
principales recursos biológicos y socioeconómicos,
así como una clasificación pormenorizada de
los ecosistemas con base en su sensibilidad ambiental.
Todo ese detalle comprende los 500 kilómetros de la
costa nacional.
La información está contenida en la colección
de discos compactos Medio Ambiente 2000, a la
que tuvo acceso Diario de Oriente.
El trabajo fue realizado entre 1997 y 1998 por la empresa
Research Planning Institute, que tiene una amplia experiencia
en ecosistemas marinos y en prevención de derrames
de petróleo. Tiene su sede en Columbia, Carolina del
Sur, Estados Unidos.
La investigación fue financiada por el Fondo Iniciativa
para las Américas El Salvador (FIAES) y ejecutada por
la Fundación Dr. Manuel Gallardo.
Se intentó obtener la versión de miembros de
la Fundación, pero no fue posible localizar a ninguno
de los participantes en el estudio.
Utilidad
¿De qué sirve toda esa información? Para
el especialista en ecología costero marina del Ministerio
de Medio Ambiente, Enrique Barraza, es una herramienta
para establecer qué tipo de acciones tomar en
caso de que se produjera un derrame de combustible en el litoral
salvadoreño.
Aunque esos datos referentes a los índices de
sensibilidad de la zona costera de El Salvador son sólo
una parte de la información contenida en los discos,
su importancia estriba en que si ocurre un desastre, se sabe
cuáles zonas atender con prioridad para evitar impactos
graves al entorno.
Para el caso, Barraza explica que se han identificado diez
tipos de hábitat a lo largo de la costa. Cada uno de
ellos está simbolizado por un color, en una escala
que va del rosado o muy sensibles al morado oscuro,
los menos susceptibles.
En el primero encajan los manglares, ricos en biodiversidad
pero, debido a la escasa dinámica (el agua está
casi estancada), un hipotético derrame sería
desastroso.
Extremos
Al otro extremo se hallan los acantilados. Según Barraza,
las características de ese tipo de estructuras les
confieren mejores alternativas de recuperación.
Pero el mapa no se limita a proveer datos ante una contingencia
ambiental. Es también un insumo a tomar en cuenta para
la toma de decisiones para la edificación de infraestructura
en esas zonas.
No obstante, antes hay que atender lo establecido en la Ley
del Medio Ambiente. El artículo 21 de esa normativa
indica que se deberá presentar el correspondiente estudio
de impacto ambiental en una serie de actividades, obras o
proyectos que señala.
Uno de ellos es, en el literal k, las desarrolladas en áreas
frágiles protegidas o en sus zonas de amortiguamiento
y humedales.
También hay prohibiciones expresas. En el art. 74 se
señala que los manglares y arrecifes son reserva
ecológica por lo que no se permitirá en ellos
alteración alguna. Incluso hace la consideración
que las zonas costero marinas donde están contenidos
estos ecosistemas se considerarán áreas frágiles.
Entonces, con base en el mapa, Barraza cita como ejemplo que
en lugar de un hotel de cinco estrellas y un campo de
golf, lo mejor sería edificar bungalows
sin necesidad de talar mucho.
Comenta que incluso se puede orientar al turismo de
bajo impacto o ecoturismo.
Como parte de los proyectos que acompañarán
las grandes obras que se contemplan en Oriente entre
las que se incluye el nuevo Cutuco, la Comisión
Nacional de Desarrollo ha identificado diversos proyectos
de playa para vacacionistas.
Todos ellos tienen que pasar por el filtro, sentencia
el biólogo.
Barraza señala que se espera que la información
recopilada tenga una vigencia de entre 5 y 10 años.
Lo ideal sería actualizarla cumplido ese
período, añade.
Pero mientras eso ocurre, aclara que la tarea de preservar
el entorno no es sólo de los empleados del Ministerio,
sino de todos los salvadoreños, en especial de los
que extraen recursos de esas zonas frágiles.
Ahí es quizá donde entran las contradicciones.
Los esfuerzos por concienciar a la gente de que preserve el
entorno son grandes. Pero las necesidades alimentarias y de
vivienda tienen una dimensión mayor.
Eso lo pudo palpar Diario de Oriente en un recorrido por los
sitios más representativos del litoral allende el Lempa.
Extracción de mangle para usarlo como leña y
la búsqueda incesante de crustáceos y bivalvos
(almejas y conchas) son medios de subsistencia para la mayoría.
Mientras estas gentes no tengan las alternativas para llevar
comida a sus mesas, de nada servirá tener identificadas
esas zonas sensibles.
Y cuando al fin logren tenerlas, tal vez sea demasiado tarde
para la naturaleza.
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