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Cooperativismo rentable
Se
cumplen tres décadas desde que un grupo de vecinos
de Joateca se uniera para fundar la Cooperativa
Morazán
Diario de Oriente
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La cooperativa san
antonio, de Joateca, cuenta ya con 30 años
de vida en los que ha trabajado por el bienestar de
sus socios.
Fotos diario de oriente
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La semilla que a la postre daría como fruto la Coope-rativa
de Ahorro y Préstamo San Antonio fue sembrada durante
un convivio católico en 1969. Abraham Argueta, socio
fundador de la institución, recuerda que en esa oportunidad
aprendió las ventajas que conlleva asociarse para ofrecer
desarrollo económico y social a las comunidades.
Con esa inquietud en mente, Argueta retornó a Joateca
y reunió a un grupo de amigos y vecinos del municipio
para convencerlos de organizarse y formar una cooperativa
de ahorro y préstamo.
Recuerdo que, en esa época, estábamos
en la Gue-rra de las cien horas con Honduras y,
mientras afuera peleaban, nosotros realizábamos las
reuniones para afinar los últimos detalles para asociarnos,
relata el hombre.
Luego de tramitar las respectivas autorizaciones, la Cooperativa
San Antonio adquirió vida legal en 1972. Eran 105 socios
y contaba con un capital, aportado por los mismos afiliados,
de varios miles de colones.
Según el socio fundador, el año de 1979 fue
uno de los más productivos. Disponían de más
de 35 mil colones de capital, lo que les permitió crear
una fábrica de concentrado para aves y una granja con
novillos de engorde. Las ganancias se invertían en
la misma cooperativa y los dividendos se repartían
entre los socios.
No obstante, todo este de-sarrollo se truncó cuando
se desató el conflicto armado. Joateca fue uno de los
municipios más afectados y la mayoría de sus
habitantes emigró hacia otros lugares.
Los terrenos, el local de la cooperativa y la maquinaria de
la fábrica quedaron abandonados. Abraham Argueta recuerda
que regresamos después de la firma de la paz
y encontramos el lugar destruido; sólo nos quedó
una máquina picadora, la casa se había caído
y tuvimos que comenzar otra vez de cero.
La nueva organización se gestó entre los años
1992 y 1993. La mayoría de socios creía que
ya no era factible asociarse de nuevo, pero la insistencia
de un grupo de fundadores los hizo continuar en la lucha.
En la actualidad, cuentan con una fábrica de alimento
para animales y realizan pequeños préstamos
de hasta 10 mil colones a los socios o a personas particulares
que necesiten los fondos para montar microempresas. En los
últimos meses, han comenzado a im-partir diferentes
talleres de ca-pacitación a personas de la comunidad.
Desarrollo como meta
La Cooperativa San Antonio ha iniciado un nuevo ciclo de
desarrollo que incluye la capacitación a miembros
de la comunidad a través de talleres
Según José Cristóbal
Ramos, vicepresidente de la institución, los talleres
de capacitación forman parte del espíritu
del cooperativismo que los im-pulsa a servir a los demás.
Queremos que las nuevas generaciones se preparen para
los nuevos retos, afirma.
Los cursos básicos son impartidos por técnicos
capacitados por el INSAFORP y son financiados con la ayuda
del Proyecto de Desarrollo Rural del Nororiente de El Salva-dor
(PRODERNOR).
Por ahora, el pan y los muebles que se fabrican en las capacitaciones
se venden en el mercado local. Los fondos sirven para autofinanciar
los talleres y continuar con otras capacitaciones.
Los próximos proyectos de la cooperativa incluyen
la ampliación de la panadería y carpintería
y montar una agroferretería.
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