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| Traslado. Antes de que recibieran la donación de una máquina de Rayos X móvil, los menores tenían que ser llevados hasta esa área fuera de la UCIP, corriendo el riesgo de agravarse en el camino. Fotos Diario
de Occidente |
Santa Ana
Iris Lima
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Con una sola cama y los sueños a flor de piel. En esas condiciones surgió el uno de enero de 2001, la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátrica (UCIP) del hospital nacional San Juan de Dios, de la cabecera departamental.
“Cuando empezamos le tuvimos que pedir prestado un ventilador mecánico a la unidad de cuidados intensivos neonatal”, recuerda el jefe de la UCIP, doctor Wilfredo Parada, quien era el único médico pediátrico intensivista del nosocomio en esa época.
No fue sino hasta el 2004 que contó con la ayuda del doctor Óscar Herrera, con quien trabaja actualmente las 24 horas, los 365 días del año.
Ambos coinciden en afirmar que entre los casos más comunes que reciben en la UCIP están los procesos infecciosos, poli traumatismos y, en los últimos cuatro meses, el dengue hemorrágico.
Tanto Parada como Herrera son dos de los ocho médicos intensivistas pediátricos que existen en el país. El resto está destacado en el hospital de niños Benjamín Bloom, en San Salvador.
En el nosocomio santaneco sólo cuentan con tres subespecialistas: cardiólogo, neurólogo y cirujano, todos pediátricos.
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| Exámenes. Con cuidado. El doctor Juan Miguel Castillo revisa la placa de un menor para determinar su condición de salud y poder aplicar así el mejor tratamiento. Fotos Diario de Occidente |
Ello les obliga en algunas ocasiones y dependiendo de la necesidad de los pacientes a referirlos al hospital Bloom.
“Tratamos de no enviarlos a San Salvador porque sabemos la demanda que hay en el Bloom, pero cuando es necesario y por el bien de los pacientes lo hacemos”, dijo Herrera.
Los galenos aseguran que pese a que la UCIP en la Ciudad Morena no es del todo conocida por los ciudadanos del occidente del país, atiende a un promedio mensual de 25 pacientes, los cuales le cuestan al hospital mil dólares diarios.
Entre los pequeños atendidos, hay quienes vienen de La Libertad y hasta de Guatemala.
Actualmente, la unidad cuenta con nueve camas, cinco ventiladores mecánicos y dos máquinas para signos vitales.
Sin embargo, las necesidades siguen siendo muchas. Entre las más prioritarias están los insumos como jeringas, medicamentos especiales, guantes y mascarillas, entre otros. Los recursos que poseen
- La Unidad de Cuidados Intensivos Pediátrica (UCIP) sólo cuenta con cinco ventiladores mecánicos y dos máquinas para ver los signos vitales.
- Los únicos subespecialistas que hay son un cardiólogo, un neurólogo y un cirujano pediátricos.
- El hospital de Santa Ana invierte en cada niño de la UCIP un promedio de mil dólares diarios.
- En el país, sólo hay ocho médicos intensivistas pediátricos. Dos de ellos están el nosocomio santaneco. El resto, en el hospital Bloom, de San Salvador.
- En Santa Ana, los dos galenos atienden a un promedio de 30 a 35 pacientes en épocas de crisis. En períodos normales, la cantidad no sobrepasa los 25.
- Los niños que son ingresados en esta unidad provienen de los tres departamentos de la zona occidental, La Libertad y de Guatemala. Las limitantes que aún existen
- Las necesidades en la UCIP aún siguen siendo muchas.
- Entre las más prioritarias están insumos como jeringas, guantes y mascarillas, entre otros.
- También urgen de más equipo técnico para poder atender a un mayor número de pacientes.
- Los médicos intensivistas coinciden en que requieren de más personal en el área de enfermería.
- Así como también de terapeutas respiratorios. Esta última función la tienen que realizar los médicos de staff, doctores residentes e internos y las enfermeras.
- La demanda de pacientes en esta área hospitalaria crece día a día. Ante esto, las autoridades del nosocomio están conscientes de que necesitan más recursos.
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Operación. Peligroso. El doctor Carlos Hasbún realiza una venodisección a un niño de diez días de nacido. El objetivo era poder introducirle un catéter para que el medicamento fuera recibido a través de la vena. |
Neumonía. Respirador artificial. Cristofer Martínez, de dos meses, logró recuperarse de una neumonía grave que padecía. La atención médica que recibió fue “de calidad”, según la madre del pequeño. |
Oraciones. Abnegación. Las madres de familia permanecen durante diez minutos al lado de sus hijos cada cuatro horas. Ese tiempo es aprovechado para darles una caricia y elevar una plegaria al Creador. |
El propósito
“Tenía mucha tos y se veía cansadita”
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| Atención. Unión. Tanto médicos como enfermeras se unen para brindar un mejor servicio al paciente. Fotos Diario de Occidente |
El 90 por ciento de niños que padecen el síndrome coqueluchoide fallece.
Iris Lima
A sus siete meses de nacida, Jackeline Zuleyma Colocho Posada es una pequeña muy inquieta y juguetona. La sonrisa en sus labios la tiene a flor de piel.
El brillo en su mirada y sus ganas de vivir hacen pensar a sus padres que la menor tiene una misión importantísima en esta vida.
Sobre todo porque sobrevivió a un síndrome coqueluchoide severo, el cual se caracteriza por una tos insistente con intervalos de apnea (sin respiración por más de 10 segundos).
“Cuando tenía tres meses de nacida, la llevamos al hospital porque presentaba una tos excesiva y se veía muy cansadita”, explicó su madre Marina Posada. La menor quedó ingresada de inmediato en la Ucip del nosocomio santaneco, donde los médicos no le daban muchas esperanzas de vida.
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| Muy sonriente. Así es Jackeline Zuleyma Colocho, de siete meses. La menor sobrevivió a un síndrome coqueluchoide severo. Fotos Diario de Occidente |
Sin embargo, después de 17 días conectada a un pulmón artificial, la menor logró recuperarse satisfactoriamente.
Y luego de tres días más, la pequeña regresó al seno de su hogar sin ninguna secuela que les hiciera recordar a sus padres los días de angustia que vivieron en los pasillos del hospital.
“Recibimos una atención de primera y los doctores fueron muy amables con nosotros”, dijo Carlos Colocho, el padre de Jackeline.
El médico intensivista pediátrico, Óscar Herrera, recuerda cada detalle del proceso de atención médico de la menor, sobre todo porque asegura que en este tipo de enfermedades sólo el 10 por ciento de los pacientes sobrevive.
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Aparatos. Falta. En la Ucip del hospital santaneco, las necesidades siguen siendo muchas. Los aparatos son una de las prioridades. |
Insumos. En bodega. Las jeringas, guantes, medicamentos y mascarillas siguen siendo una de las urgencias más grandes en esta unidad. |
El milagro
“Estaba flotando en la piscina”
El incidente unió más a la familia y les hizo ver la vida desde otra perspectiva.
Iris Lima
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| Al centro. Gerardo José Molina, de 4 años, sobrevivió a un “casi ahogamiento”, luego de estar ingresado 36 horas en la Ucip. Fotos Diario de Occidente |
La imagen de su hijo de apenas tres años flotando en una piscina de agua de pozo aún está presente en la mente de la familia Molina Ramos.
Un momento de distracción casi le cuesta la vida al menor hace poco más de un año ocho meses. El niño logró sobrevivir gracias a la mano de Dios y a la atención médica que recibió en la Ucip del Hospital Nacional de Santa Ana.
“Para mi esposa Mimí y para mí ha sido el dolor más inmenso en nuestras vidas”, dijo Gerardo Molina, el padre del menor y quien es neurocirujano pediátrico del nosocomio de la ciudad. El asegura que decidió confiar en los dos médicos intensivistas santanecos Wilfredo Parada y Óscar Herrera.
“Decidimos llevar a nuestro hijo al hospital de Santa Ana porque le tenemos mucha confianza a Wilfredo y a Óscar. Además, Wilfredo fue mi alumno”, afirmó.
Cuando el menor fue ingresado a la unidad de cuidados intensivos pediátrica, los médicos lo conectaron a un respirador artificial para evitar que los pulmones colapsaran o hubiera un daño cerebral. Después de 36 horas, el niño se recuperó satisfactoriamente y hoy en día nadie creería que estuvo a un paso de la muerte.
Actualmente, Gerardito es un niño hiperactivo, sumamente cariñoso y muy aplicado en el colegio. “Yo vi a Jesús, pero sentía que tenía que regresar con mis papás”, recuerdan que dijo el niño a sus progenitores inmediatamente después de salir de la Ucip.
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