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Ángeles descalzos, una luz en el camino

Algunas instituciones han empezado a tomar protagonismo en los proyectos de ayuda y rescate de niños trabajadores. En Santa Ana, los pequeños de los mercados y del basurero son la prioridad.

Publicada 14 de enero 2005, El Diario de Hoy

Los niños que hurgan entre la basura en los botaderos son uno de los grupos que más peligro corren, por eso reciben una atención especial de las organizaciones. Foto EDH
Santa Ana
Claudia Zaldaña
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

“Estamos trabajando en el rescate de niños trabajadores de las zonas del basurero de Camones y de la terminal de buses”, explica la Licda. Lucy Luna, gerente del programa de Niñez y Adolescencia de la Asociación Salvadoreña Pro Salud Rural (Asaprosar), de Santa Ana.

Hace cinco años, Asaprosar inició un programa de prevención y rescate de niños y niñas trabajadores que se ocupan de tareas que ponen en peligro su integridad física.

Un año antes, el programa Ángeles Descalzos había nacido con la idea de ayudar a niños de la calle, pero dio un giro y se enfocó en los pequeños comerciantes y pepenadores.

Actualmente se han retirado más de 300 infantes de la zona de la terminal y más de 125 del basurero de Camones, en la zona norte de Santa Ana.

Los fondos para la realización de los proyectos de prevención son financiados por la Organización Inter-nacional del Trabajo (OIT).

El trabajo que los menores desempeñan en estas áreas es diverso. A menudo, son víctimas de acoso sexual, se exponen a peligros por los buses que transitan en la terminal, la contaminación y las enfermedades gastrointestinales por la mala alimentación, son apenas los riesgos más bajos.

También se encuentran los peligros de las drogas, la delincuencia, la vagancia, la prostitución y las maras que acechan a los menores.

El suicidio

Desde pequeños, niños y niñas han aprendido que en sus hogares deben trabajar si quieren comer. Foto EDH

La Licda. Luna cuenta la experiencia de un niño y una niña que murieron a causa de los peligros del trabajo infantil: Wendy, de 12 años, era abusada por su padre, y tomó la decisión de suicidarse; mientras José Luis, vendedor de 14 años, fue asesinado por haber rechazado el ingreso a una mara.

Ella tampoco olvida a Edwin, de siete, quien sufrió un accidente cuando el vehículo en el que fue a traer piedras para una construcción, perdió los frenos. El pequeño terminó con un promontorio de rocas encima. Las historias no terminan y cada día hay más niños y niñas que sufren las consecuencias lamentables a causa del trabajo.

Para evitar que ellos caigan en estas situaciones, Asaprosar los retira del trabajo en las calles y los ubica en centros de atención, en donde se les coloca en otro tipo de actividades adecuadas a su edad. “Se les dan refuerzos escolares, un refrigerio nutritivo que muchas veces es el único alimento del día”, dice Luna.

Agrega que el sistema de enseñanza del programa se basa en la atención integral en las áreas de salud física y mental, además de procesos de educación formal y no formal de los infantes.

Niños de cero a 18 años son atendidos en estos centros. En la zona de la terminal, hay un local destinado para albergar a los pequeños del programa y en la zona de Camones, la casa comunal suple la necesidad.

El sistema utilizado por esta institución mezcla el arte, el juego, la educación y el deporte. Los niños que se unen al programa se ocupan en actividades propias de allos que los mantienen alejados de las calles y del trabajo.


Rompen el círculo del comercio familiar

Largas jornadas de trabajo hacen los menores. Foto EDH

Padres y madres de los niños de “ Ángeles Descalzos” se quejaron por la ausencia de ellos en el trabajo del grupo familiar.

La familia resiente la falta de colaboración de los niños y niñas a la economía del hogar. Por tanto, en un principio, no estuvieron de acuerdo con el proyecto.

“Poco a poco se le explicó a la gente que esta es la única forma de romper con esta cadena de pobreza en la que los pequeños no tienen oportunidad de superarse, porque el mundo del trabajo no los deja estudiar”, recalcó la Licda. Lucy Luna, gerente de programa de Niñez y Adolescencia de la Asociación Salvadoreña Pro Salud Rural (Asaprosar), de Santa Ana.

Además pronto darían charlas de sensibilización a los padres y madre, en donde se tocan diversas temáticas sociales, entre ellas el fenómeno del trabajo infantil. “Si se quiere evitar el trabajo infantil, hay que dar atención y orientación a las madres de familia”, afirma la Licda. Luna.

El resultado

Así buscaban terminar con el círculo cerrado del comercio familiar, en el que muchas veces los niños y las niñas llevan grandes responsabilidades de la economía de la casa.

Mayra Sisco, de 10 años, vende rábanos en la terminal de buses.

No le asustan las máquinas ni le molestan el humo y la contaminación. Lo único que quiere es llevarle dinero a su mamá que la espera en el hogar.

Los infantes duermen entre cajas, en el mercado. Foto EDH

“Mi mamá vende, pero ahora está en la casa. No voy a la escuela, porque ella no nos ha puesto a estudiar”, dice la pequeña.

Cientos de niñas como Mayra recorren las calles de los mercados, todos los días… son un sinfín de nombres que desde la niñez tienen la responsabilidad de llevar el sustento a sus casas.

Ellos y ellas se han convertido prematuramente en adultos.

Son niños y niñas que siguen atados a los grilletes del trabajo infantil.

Entre la esclavitud y la prostitución

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, afirma que la expresión de las peores formas del trabajo infantil abarca:

Todas las formas de esclavitud, la venta y el tráfico de niños, la condición de siervo y el trabajo forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados.

La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas.

La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular para la producción o tráfico de estupefacientes.

El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en las que se lleve a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

En nuestro país se han identificado las cinco peores formas de trabajo infantil: la explotación sexual comercial, la industria pirotécnica, la zafra, la pesca y el trabajo en los basureros.

El Ministerio de Trabajo ejecuta un proyecto de huertos caseros, desarrollado con la Fundación Azucarera de El Salvador, que pretende alejar a los niños de la zafra y ponerlos a cultivar hortalizas. Estas serán comercializadas por los vecinos de su propia comunidad.

También está el programa “Soñando Ser” en las escuelas, por medio del cual profesionales comparten experiencias con los menores y los motivan para que sigan estudiando. Bomberos, secretarias, ingenieros, doctores, enfermeras, entre otros, son invitados al aula.


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