 |
| Los niños que hurgan entre la basura en
los botaderos son uno de los grupos que más peligro corren,
por eso reciben una atención especial de las organizaciones.
Foto EDH |
Santa Ana
Claudia Zaldaña
El Diario de Hoy
diariodeoccidente@elsalvador.com
Estamos trabajando en el rescate de niños trabajadores
de las zonas del basurero de Camones y de la terminal de buses,
explica la Licda. Lucy Luna, gerente del programa de Niñez y Adolescencia
de la Asociación Salvadoreña Pro Salud Rural (Asaprosar),
de Santa Ana.
Hace cinco años, Asaprosar inició un programa de prevención
y rescate de niños y niñas trabajadores que se ocupan de
tareas que ponen en peligro su integridad física.
Un año antes, el programa Ángeles Descalzos había
nacido con la idea de ayudar a niños de la calle, pero dio un giro
y se enfocó en los pequeños comerciantes y pepenadores.
Actualmente se han retirado más de 300 infantes de la zona de la
terminal y más de 125 del basurero de Camones, en la zona norte
de Santa Ana.
Los fondos para la realización de los proyectos de prevención
son financiados por la Organización Inter-nacional del Trabajo
(OIT).
El trabajo que los menores desempeñan en estas áreas es
diverso. A menudo, son víctimas de acoso sexual, se exponen a peligros
por los buses que transitan en la terminal, la contaminación y
las enfermedades gastrointestinales por la mala alimentación, son
apenas los riesgos más bajos.
También se encuentran los peligros de las drogas, la delincuencia,
la vagancia, la prostitución y las maras que acechan a los menores.
El suicidio
 |
| Desde pequeños, niños y niñas
han aprendido que en sus hogares deben trabajar si quieren comer.
Foto EDH |
La Licda. Luna cuenta la experiencia de un niño y una niña
que murieron a causa de los peligros del trabajo infantil: Wendy, de 12
años, era abusada por su padre, y tomó la decisión
de suicidarse; mientras José Luis, vendedor de 14 años,
fue asesinado por haber rechazado el ingreso a una mara.
Ella tampoco olvida a Edwin, de siete, quien sufrió un accidente
cuando el vehículo en el que fue a traer piedras para una construcción,
perdió los frenos. El pequeño terminó con un promontorio
de rocas encima. Las historias no terminan y cada día hay más
niños y niñas que sufren las consecuencias lamentables a
causa del trabajo.
Para evitar que ellos caigan en estas situaciones, Asaprosar los retira
del trabajo en las calles y los ubica en centros de atención, en
donde se les coloca en otro tipo de actividades adecuadas a su edad. Se
les dan refuerzos escolares, un refrigerio nutritivo que muchas veces
es el único alimento del día, dice Luna.
Agrega que el sistema de enseñanza del programa se basa en la atención
integral en las áreas de salud física y mental, además
de procesos de educación formal y no formal de los infantes.
Niños de cero a 18 años son atendidos en estos centros.
En la zona de la terminal, hay un local destinado para albergar a los
pequeños del programa y en la zona de Camones, la casa comunal
suple la necesidad.
El sistema utilizado por esta institución mezcla el arte, el juego,
la educación y el deporte. Los niños que se unen al programa
se ocupan en actividades propias de allos que los mantienen alejados de
las calles y del trabajo.
Rompen el círculo del comercio familiar
 |
| Largas jornadas de trabajo hacen los menores.
Foto EDH |
Padres y madres de los niños de Ángeles
Descalzos se quejaron por la ausencia de ellos en el trabajo del
grupo familiar.
La familia resiente la falta de colaboración de
los niños y niñas a la economía del hogar. Por tanto,
en un principio, no estuvieron de acuerdo con el proyecto.
Poco a poco se le explicó a la gente que esta es la única
forma de romper con esta cadena de pobreza en la que los pequeños
no tienen oportunidad de superarse, porque el mundo del trabajo no los
deja estudiar, recalcó la Licda. Lucy Luna, gerente de programa
de Niñez y Adolescencia de la Asociación Salvadoreña
Pro Salud Rural (Asaprosar), de Santa Ana.
Además pronto darían charlas de sensibilización a
los padres y madre, en donde se tocan diversas temáticas sociales,
entre ellas el fenómeno del trabajo infantil. Si se quiere
evitar el trabajo infantil, hay que dar atención y orientación
a las madres de familia, afirma la Licda. Luna.
El resultado
Así buscaban terminar con el círculo cerrado del comercio
familiar, en el que muchas veces los niños y las niñas llevan
grandes responsabilidades de la economía de la casa.
Mayra Sisco, de 10 años, vende rábanos en la terminal de
buses.
No le asustan las máquinas ni le molestan el humo y la contaminación.
Lo único que quiere es llevarle dinero a su mamá que la
espera en el hogar.
 |
| Los infantes duermen entre cajas, en el mercado.
Foto EDH |
Mi mamá vende, pero ahora está en
la casa. No voy a la escuela, porque ella no nos ha puesto a estudiar,
dice la pequeña.
Cientos de niñas como Mayra recorren las calles de los mercados,
todos los días
son un sinfín de nombres que desde
la niñez tienen la responsabilidad de llevar el sustento a sus
casas.
Ellos y ellas se han convertido prematuramente en adultos.
Son niños y niñas que siguen atados a los grilletes del
trabajo infantil.
Entre la esclavitud y la prostitución
La Organización Internacional del Trabajo, OIT,
afirma que la expresión de las peores formas del trabajo infantil
abarca:
Todas las formas de esclavitud, la venta y el tráfico
de niños, la condición de siervo y el trabajo forzoso u
obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados.
La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para
la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones
pornográficas.
La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para
la realización de actividades ilícitas, en particular para
la producción o tráfico de estupefacientes.
El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en las que se
lleve a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la
moralidad de los niños.
En nuestro país se han identificado las cinco peores formas de
trabajo infantil: la explotación sexual comercial, la industria
pirotécnica, la zafra, la pesca y el trabajo en los basureros.
El Ministerio de Trabajo ejecuta un proyecto de huertos caseros, desarrollado
con la Fundación Azucarera de El Salvador, que pretende alejar
a los niños de la zafra y ponerlos a cultivar hortalizas. Estas
serán comercializadas por los vecinos de su propia comunidad.
También está el programa Soñando Ser
en las escuelas, por medio del cual profesionales comparten experiencias
con los menores y los motivan para que sigan estudiando. Bomberos, secretarias,
ingenieros, doctores, enfermeras, entre otros, son invitados al aula.
|