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De “Candado” a kinesiólogo

Alonso Héctor Batres fue una garantía como guardameta, de ahí el sobrenombre. Ahora, su misión es velar que los jugadores no se lesionen.

Publicada 17 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

El experimentado deportista posee excelentes “recetas” para levantar a un jugador golpeado. Foto EDH

Ahuachapán
Roberto Díaz Zambrano
Diario de Occidente

diariodeoccidente@elsalvador.com

Su trabajo es fundamental en los encuentros futbolísticos, aunque deba pasar fuera del terreno de juego mientras se desarrollan los partidos.

Sólo ingresa cuando se suspenden para brindar atención a algún lesionado. Es el kinesiólogo, cuya función es mantener en forma a los futbolistas, a fin de que no sufran desgarres musculares o calambres.

Alonso Héctor Batres, popularmente conocido como Candado, ha desempeñado el oficio desde hace 35 años.

Numerosas escuadras occidentales, en diferentes categorías, han requerido sus servicios.

En el oficio “debemos conocer a fondo cuáles son los medicamentos adecuados para solucionar problemas, como calambres, ligamentos y otros problemas que se dan en los juegos, como golpes en la cabeza y hemorragias cerca de los ojos y nasales”, dice Batres.

Su experiencia de tres décadas y media le permite hablar con propiedad sobre la manera de ayudar al atleta a recuperar las energías, durante el intermedio de los encuentros.

“Lo conveniente es proporcionarle una cucharada de miel de abeja, pues el cuerpo ha quemado azúcar. Además, se le echa agua en el cuello y se le dan tres toques en la parte del cerebelo.

La recuperación del jugador es inmediata”, sostiene.

No obstante, toda esa sabiduría resulta inadecuada si no se sabe aplicar. “Si no se hace con el debido cuidado, se puede destruir la vida (deportiva) del jugador”, aclara.

Origen del mote

En 1970, durante un encuentro entre el Alianza y el 11 Municipal, en el que actuaba como portero, el periodista radial Miguel Álvarez, al ver sus lances para evitar que no entrara ni una mosca a su meta, comenzó a llamarlo Candado Batres. Desde entonces es conocido así en el medio futbolístico.

Fue su amigo Mario Chinchilla quien le introdujo al mundo de la quinesiología, al obsequiarle un libro sobre esta ciencia titulado Medicina deportiva y tácticas de futbol. “Lo leí varias veces y poco a poco fui poniendo en práctica las recomendaciones. Quienes atendía se sentían bien y así fui ganando confianza”, recuerda.

Luego José Salaverría Borja, auspiciador del Once Municipal, le propusiera asistir, con gastos pagados, a recibir un curso de medicina deportiva en Guatemala.

El equipo de sus amores, el Once, ha sido fuente de alegrías y tristezas para él. La primera, cuando ascendió a la Liga Mayor en 1960. La otra, al caer hasta quinta categoría, siete años después.

Sobre su vida
- Nació en el barrio El Calvario de Sonsonate, en 1932.
- Es hijo de Agustín Méndez Recinos y María de Jesús Batres.
- Hasta los siete años vivió en el cantón Cara Sucia de San Francisco Menéndez, Ahuachapán.
- Luego, la familia se trasladó a la cabecera ahuachapaneca.
- Se casó a los 19 años. Posteriormente formó un segundo hogar, en cuyo seno procreó tres hijos.
- Fuera de las canchas, se dedica a la carpintería y albañilería.

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