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| El experimentado deportista posee excelentes
recetas para levantar a un jugador golpeado. Foto
EDH |
Ahuachapán
Roberto Díaz Zambrano
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Su trabajo es fundamental en los encuentros futbolísticos, aunque
deba pasar fuera del terreno de juego mientras se desarrollan los partidos.
Sólo ingresa cuando se suspenden para brindar atención a
algún lesionado. Es el kinesiólogo, cuya función
es mantener en forma a los futbolistas, a fin de que no sufran desgarres
musculares o calambres.
Alonso Héctor Batres, popularmente conocido como Candado, ha desempeñado
el oficio desde hace 35 años.
Numerosas escuadras occidentales, en diferentes categorías, han
requerido sus servicios.
En el oficio debemos conocer a fondo cuáles son los medicamentos
adecuados para solucionar problemas, como calambres, ligamentos y otros
problemas que se dan en los juegos, como golpes en la cabeza y hemorragias
cerca de los ojos y nasales, dice Batres.
Su experiencia de tres décadas y media le permite hablar con propiedad
sobre la manera de ayudar al atleta a recuperar las energías, durante
el intermedio de los encuentros.
Lo conveniente es proporcionarle una cucharada de miel de abeja,
pues el cuerpo ha quemado azúcar. Además, se le echa agua
en el cuello y se le dan tres toques en la parte del cerebelo.
La recuperación del jugador es inmediata, sostiene.
No obstante, toda esa sabiduría resulta inadecuada si no se sabe
aplicar. Si no se hace con el debido cuidado, se puede destruir
la vida (deportiva) del jugador, aclara.
Origen del mote
En 1970, durante un encuentro entre el Alianza y el 11 Municipal, en el
que actuaba como portero, el periodista radial Miguel Álvarez,
al ver sus lances para evitar que no entrara ni una mosca a su meta, comenzó
a llamarlo Candado Batres. Desde entonces es conocido así en el
medio futbolístico.
Fue su amigo Mario Chinchilla quien le introdujo al mundo de la quinesiología,
al obsequiarle un libro sobre esta ciencia titulado Medicina deportiva
y tácticas de futbol. Lo leí varias veces y poco a
poco fui poniendo en práctica las recomendaciones. Quienes atendía
se sentían bien y así fui ganando confianza, recuerda.
Luego José Salaverría Borja, auspiciador del Once Municipal,
le propusiera asistir, con gastos pagados, a recibir un curso de medicina
deportiva en Guatemala.
El equipo de sus amores, el Once, ha sido fuente de alegrías y
tristezas para él. La primera, cuando ascendió a la Liga
Mayor en 1960. La otra, al caer hasta quinta categoría, siete años
después.
Sobre su vida
- Nació en el barrio El Calvario de Sonsonate, en 1932.
- Es hijo de Agustín Méndez Recinos y María de Jesús
Batres.
- Hasta los siete años vivió en el cantón Cara Sucia
de San Francisco Menéndez, Ahuachapán.
- Luego, la familia se trasladó a la cabecera ahuachapaneca.
- Se casó a los 19 años. Posteriormente formó un
segundo hogar, en cuyo seno procreó tres hijos.
- Fuera de las canchas, se dedica a la carpintería y albañilería.