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Añil, una alternativa para la agricultura

Una familia santaneca, los Marroquín, se ha dado a la tarea de rescatar el cultivo del añil o jiquilite. La siembra es fácil, pero la extracción de la tinta es un trabajo delicado. Pero ella posee unos centenarios obrajes de la época colonial y la perseverancia a la hora de experimentar para encontrar el secreto de la producción.

Publicada 8 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Tres libras de semilla de añil son suficientes para el cultivo de una manzana de tierra en Texistepeque. Foto EDH

Santa Ana 
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Desde hace cuatro años, los Marroquín pusieron manos a la obra en el cultivo del añil. Este, conocido también por jiquilite o xiquilite, es una alternativa más en el campo de la agricultura para quienes pretenden salirse de las cosechas habituales.

“Tenemos cuatro años de estar en el cultivo del añil y estamos entusiasmados con este proyecto”, explica Mario Marroquín, agrónomo y diputado por Santa Ana del partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA.

Él, junto a su esposa han invertido tiempo y dedicación en este proyecto de la siembra del añil. “Tenemos algunas manzanas de cultivo en el cerro Texistepeque, en donde también tenemos los obrajes para la extracción de la tinta”, explica Marroquín.

Los obrajes son piletas de cemento en donde se pone a reposar la planta de añil para sacar su tinta. Antiguamente, los indígenas construían estas pilas de forma más rústica y artesanal.

El productor de añil asegura que en su propiedad se encuentran los antiguos obrajes, en donde el fraile Juan de Dios del Cid se inspiró y adquirió los conocimientos para escribir el libro El Puntero, precisamente sobre la producción de añil.

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Estas pilas fueron restauradas eventualmente y sirvieron de base para construir unas nuevas. Ahí el productor puede procesar la planta de tinta azul.

Linda de Marroquín, su esposa, relata que al principio fue muy difícil iniciar la producción, pues el añil es bastante delicado, requiere de precisión y exactitud en el proceso de remojo y extracción de la tinta.

“Tardaron cerca de seis meses en períodos de experimentación y de prueba hasta que, finalmente, supimos el punto correcto de la tinta”, contó Linda.

A pesar de que el arbusto del añil es fácil de cosechar y puede encontrarse hasta de forma silvestre, la extracción de la tinta representa todo un reto para aquellos que se aventuran en este cultivo alternativo.

La cosecha

Cosechar añil es cosa fácil. Se trata de una planta muy bondadosa que crece casi en cualquier parte. Su tamaño ronda los 1.50 y hasta 2.5 metros. Su hoja es fina y verde clara.

Texistepeque es precisamente una de las zonas de Santa Ana en donde se ha encontrado una buena cantidad de añil silvestre. La planta no requiere de muchos cuidados. Crece sola, sin necesidad de abonos ni fertilizantes.

El invierno es la época alta de cosecha, aunque en terrenos irrigados constantemente puede darse en buenas cantidades, durante todo el año.

“Lo bueno de cosechar añil es que no requiere de inversión en fertilizantes, eso ahorra mucho dinero a los productores”, apunta de Marroquín.

Lo que sí se debe hacer es mantener el campo cultivado libre de maleza, ya que esto sí puede acabar con la planta. La plaga más común es la campanilla, una enredadera que se apodera de la planta de añil para elevarse del suelo y absorbe los nutrientes de la tierra.

La flor de la campanilla es común. Tiene forma de campana (de ahí su nombre) y puede ser encontrada en cualquier tipo de terreno fácilmente, sobre todo en la estación lluviosa.

“El cultivo del añil es una alternativa muy buena para la agricultura. En lugar de dedicarnos a los cultivos exóticos, hay que cultivar lo nuestro, lo natural. Esta es la riqueza de nuestras tierras”, dice el productor.

Sostiene que si el cultivo del añil dio su fruto por muchos años, hoy en día puede resurgir como una de las principales áreas de la economía del agricultor.


 

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