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El honor de portar la batuta

Las cachiporristas se han convertido en la atracción principal en los desfiles por las celebraciones del mes de la Independencia patria. Esto puede convertirse en una tradición familiar

Publicada 10 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Ahuachapán
Larissa Velásquez
Diario de Occidente

El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Durante muchos años los centros educativos, tanto públicos como privados, han conservado la tradición que al frente de cada centro escolar desfilen simpáticas cachiporristas.

Ellas, orgullosas, recorren al son de la banda de paz las principales calles de la ciudad.

Glenda Patricia Cortés, de 17 años, estudia segundo año en el colegio la Providencia, de Ahuachapán, y recuerda que desde el primer año de kinder sale de cachiporrista.

“Cuando era pequeña me gustaba ir bailando, era muy divertido.

Guardaba los vestidos y las botas me las ponía después para andar jugando o salir”, recordó Paty.

Ella comenta que las cachiporristas son elegidas por el director del centro educativo, quien valora la aptitud de cada joven y su desenvolvimiento para bailar, la conducta y el rendimiento escolar, el cual también es muy importante.

A medida que se acerca el 15 de septiembre, la emoción aumenta en Paty. “El traje es sorpresa”, confiesa la estudiante. “Y nuestro colegio se ha caracterizado por ser siempre de los mejores, no será el único pero sí el mejor”.

Los ensayos son casi todos los días hasta la fecha máxima. Las cachiporristas acostumbran arreglarse en casa de una compañera, para salir de ahí todas juntas y llegar al parque, donde los compañeros las esperan.

“Algo que me emociona mucho es que mi mamá me acompaña durante el recorrido. Ella también salió de cachiporrista en su tiempo, y mi hermanita en sus años de kinder”, dice la digna heredera de la tradición familiar.

En el pasado, las jóvenes lucían para el 15 de septiembre un traje alusivo a una institución, como la Fuerza Armada. Pero esta tradición es cosa del siglo XX. Fotos diario de occidente/ Larissa Velásquez

La diferencia

La madre, Paty de Cortés, recuerda emocionada esos días donde participó como cachiporrista del Instituto Nacional Alejandro de Humbolt: “Al ver a mi hija me emocionó y es como volver a vivirlo, no me dan ganas de bailar pero sí es bonito”, acepta esta mujer.

“Antes en el Instituto, se tenía la costumbre de quién salía el primer año salía los dos años siguientes. Además, en mi tiempo se empezó a tocar música más popular y ya no se tocaba tantas marchas, eso fue a principio de los años ochenta”.

En el pasado, asimismo los trajes tenían un motivo. Por ejemplo, un año se salía de militar, de cadetes y hasta de aeromozas.
El Instituto de doña Paty encabezaba el desfile y era muy esperado por la elegancia con que sus alumnos se comportaban.
Los centros escolares recorrían casi toda la ciudad de Ahuachapán, “era cansado pero era un gusto muy grande, ya que después del desfile, por la noche, en el instituto, había verbena y ahí se iba el cansancio”, recuerda la ex cachiporrista.

La primeriza

“Será una experiencia muy bonita, porque representar a la institución es un gran orgullo”, sostiene María Roxana Ramos, aunque admite el nerviosismo que tiene por ser su primera ocasión de cachiporra. “La responsabilidad es muy grande, yo dirijo al grupo. No puedo equivocarme en los pasos, porque sino las compañeras también perderían el paso y sería muy feo, ya que todas hemos ensayado mucho para ese día”.

La secretaría de este centro educativo, Norma Castaneda, comenta que las jóvenes cachiporristas son elegidas por sus cualidades.

María Roxana Ramos, de 14 años, del centro Escolar Alejandro de Humbolt, por primera vez será cachiporrista. Fotos diario de occidente/ Larissa Velásquez

“Es importante que mantengan una buena conducta, ya que eso es parte indispensable ya que ellas representan a la institución. Además el director da el aval para ver quiénes son las que al final salen, también es importante que sepan bailar y caminar ya que las botas son de tacón alto y tienen que saber manejarlas”, explica Castaneda.

El permiso

Los padres de María Roxana también avalaron la decisión. “Ellos vieron mi comportamiento y el rendimiento en mis estudios”, dice la alumna. Claro, primero asimilaron los gastos del atuendo.

Castaneda dijo que tratan de comprar telas y accesorios cómodos, para no afectar el bolsillo del padre de familia, “por lo menos se pretende que no sobrepase en sus gastos familiares”.

Roxana espera impaciente el traje y probárselo, “ojalá todo esté perfecto para el día 14 de septiembre”. Ese día, las instituciones con plan básico desfilan en Ahuachapán. “Yo sé que será cansado, pero el esfuerzo vale la pena, ya que será un día muy bonito que he estado esperando”.

 

 

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