Santa Ana
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
El Diario de Hoy
diariodeoccidente@elsalvador.com
Un pastel de cumpleaños con cien velitas. Aunque hoy en día
ya no se celebran muchos de este tipo, doña Clara Castaneda es
una de las pocas afortunadas, cuya longevidad le ha permitido celebrar
un centenario.
Su cabello es una cascada de finas hebras plateadas que lucen sus destellos
cuando las ilumina el sol.
Y con toda una vida de recuerdos, se siente orgullosa de ser el ejemplo
de una larga vida saludable. Nació el 12 de agosto de 1904 en Guazapa,
San Salvador, y posteriormente se trasladó a residir con su hija
América Minero a la Ciudad Morena, Santa Ana.
Ha sido una madre excelente, muy amorosa y especial, expresa
América.
Ella relata las andanzas de su madre. A doña Clara se le hace difícil
recordar algunas cosas, por lo que sus hijos le ayudan a contar los pasajes
de su juventud cuando los olvida.
Lo que más le gustaba hacer era inyectar, recuerdan
sus hijos. Aunque doña Clara no estudió enfermería
aprendió a aplicar inyecciones y le gustaba servir a la gente cuando
la necesitaban.
También cosía y aún se entretiene dando algunas puntadas.
La costura siempre ha sido su más grande entretenimiento. Le gusta
arreglar la ropa, antes lo hacía a mano, pero ahora ya sólo
puede dar algunas puntadas a mano.
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| Seis hijos, nueve nietos y siete bisnietos integran
la prole de doña Clarita. Fotos diario
de occidente/ Claudia Zaldaña |
Cuando yo era joven me dedicaba a los oficios domésticos,
aprendí a hacer muchas cosas; mi madre me enseñaba mucho,
expresa doña Clara, quien gustaba de cocinar. Aprendí
a elaborar muchos platillos de la cocina típica salvadoreña.
Don Rodolfo Castaneda, de 67 años, se siente orgulloso de su madre,
siempre ha sido muy abnegada y entregada a sus hijos.
Saludable
A pesar de que doña Clara tiene por pasatiempo coleccionar años
de vida, goza de buena salud. Su energía la reparte entre sus nueve
nietos y sus siete bisnietos.
Los médicos opinan que tiene buenas defensas y que es muy probable
que logre añadir unos cinco o diez años más a su
vida. No padece de nada, nunca ha usado silla de ruedas, no tiene
ninguna operación y no necesita usar bastón para movilizarse,
señala su hija.
Y para alegrar su buen estado físico, la anciana adorna sus tardes
cantando alabanzas católicas. Le gusta cantar a cualquier hora
y deleitar a su familia e invitados con su melodiosa voz.
Esta mujer tuvo seis hijos: Francisco, quien ahora tiene 77 años;
Carlos, de 75 años; Rodolfo, de 67; Rutilante Estrella, de 62;
América, de 60, y doña Clara Josefina, de 59 años.
Su esposo se llamaba José Rodolfo Cavaría, un profesor de
educación básica. El falleció luego de una grave
caída en 1976.
Doña Clara también sufrió una caída hace diez
años. Es la única ocasión en la que tuvo una fractura,
pero dos meses más tarde la lesión sanó.