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Cien años merecían un pastel

El rostro de doña Clara Luz Castaneda es el mapa de los recuerdos que ha coleccionado durante sus cien años de vida. Los más gratos son los compartidos junto a su familia .

Publicada 10 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Santa Ana
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente

El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Un pastel de cumpleaños con cien velitas. Aunque hoy en día ya no se celebran muchos de este tipo, doña Clara Castaneda es una de las pocas afortunadas, cuya longevidad le ha permitido celebrar un centenario.

Su cabello es una cascada de finas hebras plateadas que lucen sus destellos cuando las ilumina el sol.

Y con toda una vida de recuerdos, se siente orgullosa de ser el ejemplo de una larga vida saludable. Nació el 12 de agosto de 1904 en Guazapa, San Salvador, y posteriormente se trasladó a residir con su hija América Minero a la Ciudad Morena, Santa Ana.

“Ha sido una madre excelente, muy amorosa y especial”, expresa América.

Ella relata las andanzas de su madre. A doña Clara se le hace difícil recordar algunas cosas, por lo que sus hijos le ayudan a contar los pasajes de su juventud cuando los olvida.

“Lo que más le gustaba hacer era inyectar”, recuerdan sus hijos. Aunque doña Clara no estudió enfermería aprendió a aplicar inyecciones y le gustaba servir a la gente cuando la necesitaban.

También cosía y aún se entretiene dando algunas puntadas. La costura siempre ha sido su más grande entretenimiento. Le gusta arreglar la ropa, antes lo hacía a mano, pero ahora ya sólo puede dar algunas puntadas a mano.

Seis hijos, nueve nietos y siete bisnietos integran la prole de doña Clarita. Fotos diario de occidente/ Claudia Zaldaña

“Cuando yo era joven me dedicaba a los oficios domésticos, aprendí a hacer muchas cosas; mi madre me enseñaba mucho”, expresa doña Clara, quien gustaba de cocinar. “Aprendí a elaborar muchos platillos de la cocina típica salvadoreña”.
Don Rodolfo Castaneda, de 67 años, se siente orgulloso de su madre, “siempre ha sido muy abnegada y entregada a sus hijos”.

Saludable


A pesar de que doña Clara tiene por pasatiempo coleccionar años de vida, goza de buena salud. Su energía la reparte entre sus nueve nietos y sus siete bisnietos.

Los médicos opinan que tiene buenas defensas y que es muy probable que logre añadir unos cinco o diez años más a su vida. “No padece de nada, nunca ha usado silla de ruedas, no tiene ninguna operación y no necesita usar bastón para movilizarse”, señala su hija.

Y para alegrar su buen estado físico, la anciana adorna sus tardes cantando alabanzas católicas. Le gusta cantar a cualquier hora y deleitar a su familia e invitados con su melodiosa voz.

Esta mujer tuvo seis hijos: Francisco, quien ahora tiene 77 años; Carlos, de 75 años; Rodolfo, de 67; Rutilante Estrella, de 62; América, de 60, y doña Clara Josefina, de 59 años.

Su esposo se llamaba José Rodolfo Cavaría, un profesor de educación básica. El falleció luego de una grave caída en 1976.
Doña Clara también sufrió una caída hace diez años. Es la única ocasión en la que tuvo una fractura, pero dos meses más tarde la lesión sanó.

 

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