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San Julián, la ciudad de los cuervos

Tranquilo es una buena palabra que describe al municipio sonsonateco. Y aunque es pequeño, sus calles, sus casas y hasta su gente son siempre una estampa típica y colorida.

Publicada 21 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Sonsonate
Claudia Zaldaña
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Una calle sombreada y rodeada de paisajes conduce hasta San Julián.

La pasividad del ambiente y la frescura de las ceibas y conacastes hacen que los visitantes se olviden del calor que caracteriza a Sonsonate.

Las carretas, tiradas de bueyes son imagen común en los alrededores.

Las miradas curiosas de los niños asoman en algunas casas, mientras sus padres trabajan fertilizando los campos sembrados con milpas y caña de azúcar.

Al aproximarse al municipio, un rótulo da la bienvenida e invita a conocer un poco más de la llamada Cacaluta o “ciudad de los cuervos”.

“Dicen que en otros tiempos habían muchos cuervos aquí, y por eso bautizaron al pueblo con ese nombre”, cuenta don Carlos Rivera, quien conversa con sus amigos en el parque central de San Julián. Esto es algo normal en el lugar, porque las personas mayores disfrutan las tardes platicando.

La sombra de una vieja casa se agradece al mediodía, especialmente los que van de paso. Foto EDH

Acompañan la conversación con una fresca cebada, de las que hace años vende la señora del chalé del parque.

Don Carlos es de aquellos señores a los que les gusta relatar historias de su pueblo.

Él sabe, por ejemplo, que San Julián cambió de nombre cuando un obispo llamado Julián llegó a la iglesia del pueblo y en honor a él se hizo tal reconocimiento.

Los libros de historia le dan la razón a don Carlos, pues en ellos está escrito que este bautismo se dio cerca de 1890.

“San Julián ha sido siempre lugar de encuentro de los cumpas y los historiantes”, sostiene Adalberto Ávalos Guzmán, director de la Casa de la Cultura de San Julián, para describir algunas de las tradiciones que se celebran en el pueblo.

El baile del Chumpe es una danza típica y ahora se “está tratando de rescatar esos valores culturales perdidos”, recalca el funcionario. El paso del tiempo ha hecho quedar en el olvido muchas de las costumbres típicas de la antigua Cacaluta y, según Avalos, es muy difícil reconstruir la historia, porque no hay documentación escrita que ayude en dicha tarea.

Sin embargo, las calles de San Julián son testigos mudos de años de historia y han visto pasar generaciones enteras. La arquitectura de sus casas tiene mucha influencia colonial, sobre todo las casas de los “dueños de fincas o haciendas”, quienes hacen notar sus residencias decorándolas de forma vistosa.

Dignos balcones


Pero aún hay vestigios de casas antiguas. Ventanas con notables balcones de hierro forjado, techos tapizados de tejas y paredes forradas de lámina decorada como en tiempos de antaño.

Pero a pesar de la tranquilidad, el comercio se abre paso entre los sanjulianenses. Las ventas de ropa, los comedores y las tienditas nunca faltan. El movimiento es poco, pero necesario.

Mientras unos trabajan en las faenas del campo, otros se dedican al comercio y a la venta informal.

Y cuando llega el calor del mediodía, cualquier sitio es apropiado para tomar un descanso. Don Juan Lara es un octogenario que se sienta a descansar en donde lo alcanza la fatiga. Sentado en una acera saca sus tortillas y su pedacito de queso, y se dispone a tomar su almuerzo. “Trabajo en los cañales y hay que caminar bastante para llegar”, dice mientras se acomoda el sombrero.

Aunque no es originario de San Julián, ha trabajado en sus campos por mucho tiempo, como lo hicieron su padre y su abuelo.
Para don Juan lo mejor de este municipio es la tranquilidad y la fertilidad de sus tierras…ah, y, por supuesto, la deliciosa chicha que se consigue ppor ahí.

Las Cuevas

- A los que gustan de las caminatas, la escalada y el aire puro, San Julián les ofrece un sitio perfecto para ir de vacaciones.

- El lugar está rodeado de grandes paredes de roca que son perfectas para practicar montañismo y escalada.

- En estas mismas rocas, hay varias cuevas que pueden visitarse, como la de el Zope y la Cotuza.

- Además se encuentran algunos cerros para caminar: el Pelón y El Cofre, en donde la naturaleza impera y los árboles de bálsamo son los mejores anfitriones.

- Y para acampar, el cantón Petacas es la mejor opción: posee una planicie fresca y con vista panorámica, desde donde se aprecian majestuosos los volcanes de Izalco y Santa Ana.

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