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Peligro sobre cuatro ruedas

Al subirse a un bus, con suerte se llega sin novedades al destino, aunque existe el riesgo de ser víctima de un asalto, del mal trato del cobrador y el motorista o ser testigo de un asesinato

Publicada 12 de marzo 2004, El Diario de Hoy

Sonsonate
Erika Prado
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Todo puede suceder en un autobús. Los usuarios expresan su descontento por pagar un servicio que está lejos de ser bueno y eficaz, los motoristas luego de muchos rodeos confiesan que hay que tener el valor suficiente, porque cada día puede ser el último.

La ruta 272 es la elegida. Son 72 kilómetros desde la terminal de Sonsonate hasta la ciudad de Santa Isabel Ishuatán, por $0.70 de pasaje.

Manuel Rivas Estrada hace el trayecto todos los días para ir a trabajar. “Es una odisea”, sostiene. “Necesito estar en Santa Isabel Ishuatán a las 8:30 a.m., por tanto me levanto a las 4:30 a.m. con tal de estar en la terminal a las 5:00 a.m. y lograr irme en el primer bus”.

Un rosario de paradas y visitantes pedigüeños como pandilleros tienen que soportar los pasajeros. Diario de Occidente

La unidad parte a las 5:30 a.m. Recorre el centro de Sonsonate recogiendo pasajeros, luego pasa por el municipio de Sonzacate para tomar la carretera hacia Izalco. Ahí para en las afueras de la ciudad, donde hace un tiempo de 15 a 20 minutos.

Después detiene la marcha a cada persona que encuentra y en el desvío de San Julián, realiza su tercera parada de 15 minutos para continuar a la ciudad. Las agujas del reloj marcan las 7:30 a.m.

Ya en San Julián, la mayoría de pasajeros se baja. Los que van a Santa Isabel Ishuatán deben esperar media hora, mientras el bus se llena de nuevo. Quedan todavía 42 kilómetros de camino.

Rivas Estrada llegará tarde al trabajo.

Entre cebollas

El humor de Rivas Estrada no mejora con los malos olores del sudor, los ventosos, las verduras, el repollo y las cebolla.

Los ruidos también son agobiantes. Imposible dormir. De eso se encargan los gritos de los vendedores de dulces, carteras, lapiceros y medicinas resucitadoras, que compiten en quién alza la voz más fuerte y así obtener la atención de los pobres viajeros.

“En comparación a hace veinte años que se tenía que viajar en camión o a caballo desde Sonsonate y hacíamos más de seis horas, hoy está bien”.
Elisa Lobato Castillo Ama de casa

 

“Para poder llegar donde trabajo pido aventón, no todas las personas paran pero siempre encuentro cómo llegar”.
Ramón Ayala Trabajador

Pero los peores son los evangélicos. Cuando abordan los buses a predicar la palabra de Dios, los motoristas prefieren escuchar música a todo volumen. Entonces nos encontramos entre la Chanchona de Arcadio, ‘Oh, John, oh John, me dejaste’ y el evangélico explicando que los que no se arrepienten de sus pecados no entrarán al reino de los cielos. “Todo nos replica en el cerebro sin cesar”, cuenta el abatido pasajero.

En la lista negra también están los pandilleros que se suben con la cantaleta: Señores acabo de salir de Mariona, mi compañero y yo preferimos pedir y no robar. Por nuestro aspecto nadie nos da trabajo y tenemos que comer.

¿La respuesta? “Uno los ve todos tatuados, con un maletín que a saber qué llevan, a ley hay que darles una ‘cora’ o si no peligra que se arrepientan y comiencen a quitarle a la fuerza lo poco que uno lleva para comer y regresar a la casa”, explica el empleado que se dirige a Santa Isabel Ishuatán.

Imprudentes

Tampoco olvidemos los momentos que los motoristas de los buses compiten entre ellos, “ahí hay que bajar a todos los santos, para no dar vuelta o que le fallen los frenos. Uno realmente lleva la vida vendida en los buses, pero no hay de otra”, concluye Rivas Estrada.

En fin, unos días son mejores que otros. Al regreso, es la misma historia. Salen de Santa Isabel Ishuatán para Sonsonate a las 4:00 p.m. con la misma procesión de paradas. Y si el vehículo se descompone, es la hora de pedir aventones, que son difíciles de conseguir, porque la gente desconfía por los ladrones. Estos abundan por la zona, así que lo más seguro es armarse de paciencia para poder llegar sano y salvo a casa.



Las “galladas”
- La Sociedad Empresarios de Autobuses de Sonsonate, S.A. de C.V. (Sedas, S.A. de C.V.) dio su postura de la problemática del sector a través de un escrito.
- El problema con los usuarios es que quieren que se les pare donde quieren.
- Como motorista, el problema con la policía es que por cualquier “gallada” que tenga la unidad: llanta lisa, sin triángulo, sin cono, mica, llanta de repuesto, etc., por esas cosas la policía nos decomisa la licencia... la infracción debería ser para los dueños de las unidades.
- Hay usuarios que no usan el transporte colectivo por los continuos asaltos, sino que pagan pick up.
- Sugerimos al Viceministerio de Transporte que ordene a la policía de Tránsito que cada seis meses exista una revisión de las unidades en las terminales.
- Al determinarse las responsabilidades en un accidente, se está haciendo conciencia a los empresarios y sociedades para que indemnicen a las personas que resulten afectadas en un accidente.
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