Ahuachapán
Larissa Velásquez
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
De la ciudad de Ahuacha-pán a Tacuba es una hora o más
de trayecto, en una calle mala. Recientemente han comenzado los trabajos
de pavimentación, pero mientras esto se termine el recorrido es
una penosa travesía.
También en la puerta principal hay un sinnúmero de muñecos
colgados del techo, calcomanías de colores y un par de afiches
que invitan a la reflexión y a tomar el buen camino.
Luego que el motorista inicia la marcha, es imposible concentrarse en
algo positivo porque sólo vienen a la cabeza los accidentes ocurridos,
en lo cerrado de las vueltas y la velocidad de los camiones que pasan
y levantan nubes de polvo.
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| La decoración de las unidades del transporte
colectivo refleja el gusto popular de los motoristas y cobradores
. Foto Diario de Occidente. |
Más de alguna persona intenta dormir, pero el falla debido a los
constantes golpes que se dan contra los vidrios por los baches, los chillidos
que no se sabe de dónde salen y por ir agarrado para evitar saltar
mucho en los asientos. Además, la unidad de transporte sube y baja
pasajeros a cada momento.
Sólo inglés
Tampoco olvidemos que el conductor impone su gusto musical. Por
lo menos pusiera algo que todos entendiéramos, me dice una
mujer y en realidad tenía razón, ya que no todo el mundo
entiende el idioma inglés.
Durante la ruta, la gente sube los vidrios (los que se pueden cerrar)
para que el polvo no se meta al interior. Esto no es recomendable, porque
aunque sea de mañana hace calor y los malos olores no tienen un
punto de fuga.
El espacio no ajusta. Atrás es el reino de las canastas o cualquier
otra cosa que cierra el paso. Cuando no hay dónde sentarse, la
alternativa es ir parado pero las personas no llegan hasta el medio de
la unidad, entonces se deja escuchar el grito del cobrador: camine
al centro que ahí hay espacio. Los interpelados tienen oídos
sordos; sin embargo, a la hora de salir se pasan llevando unos a otros.
Los que más sufren son los niños. Ellos son golpeados con
los codos o con las cestas o bultos que carga el pasajero, el cual se
olvida de levantarlas a la hora de salir. Otros que llevan las de perder
son los que van sentados a la orilla, sus cabezas son blanco de la prisa.
Al bajarse, las personas respiran cierta tranquilidad mientras llega la
hora de volver a tomar otro bus.
Temprano por la mañana los buses que hacen su recorrido de Ahuachapán
a Tacuba son ocupados, especialmente, por los profesores, quienes van
a los diferentes cantones, y los empleados de la Unidad de Salud.
A la inversa, vienen los estudiantes, los trabajadores de la ciudad y
los comerciantes que madrugan con sus productos.
Entre un bus y otro, hay media hora de diferencia. No nos importa
ir apretados, porque lo importante es llegar a tiempo, afirman los
usuarios.
Abusos
La ciudadanía exige a los motoristas prudencia y precaución.
El último hecho comentado entre la población es el caso
de un señor que cuando bajaba de la unida de transporte, el motorista
arrancó. El pasajero fue arrastrado cerca de 12 metros.
Después el motorista pidió a su víctima que no comentara
con nadie lo sucedido, a cambio lo ayudaría con todos los gastos
médicos.
Ena García asegura que viajan en los buses por necesidad, ya
que muchas veces la gente no ha puesto un pie en el suelo cuando el bus
ya ha arrancado. Esto es muy peligroso, sobre todo, para la gente de avanzada
edad y los niños, expresó la usuaria; no obstante,
aclaró que no son todos los motoristas. Hay muchos que son
muy conscientes, pero hay otros que no.
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| Las curvas recuerdan lo fácil que es tener
un accidente al manejar sin precaución.
Foto Diario de Occidente. |
El gasto
En cuanto a los buses, García espera que con la pavimentación
de la calle mejoren las unidades ya que el pasaje que paga es alto: $
0.46 y $0.58, fines de semana, por un recorrido de 17 kilómetros
para Ahuachapán.
El empresario de buses Jaime Marques acepta que varias unidades se encuentran
en mal estado, aunque indica que reciben mantenimiento constante. Una
vez por semana descansan para hacérseles el respectivo chequeo,
explica.
Hemos comenzado a cambiar algunas unidades y estamos comprando algunos
buses para cuando la calle esté en mejores condiciones, ya que
lo duro de la calle ha contribuido a que las unidades se arruinen. Sin
embargo, estamos en toda la disposición de mejorar el trasporte,
en bien de la comunidad de Tacuba.
Otra de las cosas que afecta a las personas es la falta vigilancia en
las paradas de buses, como en La Loma. Ahí los mareros piden una
cora a los que esperan el bus. El dinero escasea en
estos días, y la gente se ve obligada a dárselo (a los pandilleros)
aunque se quede sin lo del pasaje, por temor a que los mareros los amenacen
y les digan que ya saben dónde viven, que conocen a sus hijos,
cuenta Antonio Ramos.
Los asaltos a las unidades en los puntos de Santa Linita y Casa Roja han
disminuido, pero siempre solicitan a la policía su presencia.
Una preocupación más del ciudadano son los excesos a la
hora de conducir de los motoristas, hago un llamado no sólo
a los de los buses sino también a los motoristas particulares para
que no corran a velocidades en lugares como Nejapa, ya que es peligroso
y se exponen muchas vidas, expresó Ramos.
Espero que cuando se termine la calle haya una buena señalización,
concluyó.
Accidente trágico
- En 2003, se registró un sólo accidente: el 18 de julio
una joven, de 16 años, murió cuando se trasportaba en un
pick up. Ella acudía a un encuentro deportivo con un grupo de estudiantes.
- Pero sin lugar a duda el accidente que aún recuerdan los residentes
de Tacuba es el ocurrido en enero de 2001.
- Fue una tragedia. Murieron más de 20 personas y muchas más
resultaron gravemente heridas, cuando un autobús se precipitó
a una barranca y cayó en un río.