Ahuachapán
Roberto Díaz Zambrano
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Famoso por su destreza al interpretar melodías de hoy, ayer y
siempre, Luis Alonso sigue fiel al espíritu musical a través
de su armónica.
La conoció a los 12 años, cuando le robó un colón
a su padre, Jacinto Mijango, el director de la Banda Regimental de Ahuachapán,
y se compró dos armónicas, a ¢0.50 cada una.
Los instrumentos eran de la marca Centenaria, conocidas como
dulzainas. Las profesionales reciben el nombre de armónicas.
El entonces niño acompañaba a su progenitor a los conciertos
en el parque La Concordia.
A la vez, estudió de primer a tercer grado en la escuelita,
una centro educativo privado de don Feliciano Rodríguez; luego
estuvo en el Grupo Escolar Isidro Menéndez, donde formó
parte de la estudiantina que organizó el profesor Ernesto Viscarra.
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| La edad no impedimento para que el ahuachapaneco
siga practicando su instrumento. Foto Diaro
de Occidente |
Tuvimos muchas actuaciones estudiantiles, cuenta el músico.
Su formación educativa continuaría: oficina, en el Instituto
Timoteo Liévano, en San Salvador, y la carrera de Tenedor de Libros
en el Instituto El Salvador. Pero, al final, se impondría en el
joven su afición artística.
Los primos
De todas formas en la sangre estaba la profesión del escenario.
Luis Alonso es primo de los famosos Hermanos Cárcamo, con quienes
ha participado en ciertas actuaciones.
El sueño de formar un buen conjunto no me la quita nadie
hasta que me muera, dice Luis Alonso. Pienso grabar un disco,
espero que alguna disquera me dé la oportunidad. Lo organizaría
con música de armónica y pistas, algo que la gente poco
ha escuchado. Debe fomentarse el aspecto musical de la música suave.
Entre sus ídolos musicales están Luis Alcaraz, Pedro Vargas,
Agustín Lara, Glen Miller y música clásica como la
de Beethoven. Era la música que a mi padre más le
agradaba, él me decía que si quería estudiar solfa
que estaba dispuesto a pagarme un curso, recuerda Luis Alonso, quien
acepta que admira a los artistas pasaditos.
El currículum de este ahuachapaneco incluye presentaciones en las
Alegrías Pílsener, con la orquesta de Luis Barrientos, el
Teatro Militar, Aniseto Porsisoca y Medina Funes, por todo el territorio
nacional.
Sin embargo llegó el momento de salir del país por 1950.
Luis Alonso se fue a México, ahí participó con su
compañera la armónica en concursos radiofónicos.
Gané el primer lugar, y de allí salieron muchos trabajos,
cuenta.
Los contratos lo llevarían a Acapulco, Cuernavaca, Tapachula, San
Luis Potosí, Guadalajara, entre otros estados. Después,
el artista estaría en Guatemala. La vida se la ganaría con
el grupo San Luis, con el cual trabajó por más
de 37 años.
El salvadoreño se había unido a músicos de raza negra,
lo que fue un atractivo ante los guatemaltecos. Las mejores interpretaciones
eran de calipso, reggae, samba y música movida. La cumbia
no la podían tocar, pero los obligué a que aprendieran y
fuimos los mejores en esta clase de melodías, dice orgulloso
Luis Alonso.
En esa época, el San Luis tocaría en el carnaval
migueleño, viajarían a Estados Unidos con su música,
y ahora me encuentro acá en Ahuachapán, comenta
el experimentado artista. Su vuelta a El Salvador sería en el año
2000.
Las 10 consentidas
- Algunos instrumentos musicales datan de 1937 y la última adquisición
es de 2004.
- Fueron fabricadas en Estados Unidos, Canadá y México.
- La armónica de mil colones la forman dos instrumentos en una,
de puro acorde. Si las ponen juntas miden más de un metro.
- Tiene otra que son tres armónicas en una. Cuesta más de
tres mil colones.
- El músico las usa para acompañar o para interpretarlas
solas. Con estos aparatos musicales, se puede acompañar a
un trío. Sale una música que hace llorar a cualquiera con
la música del recuerdo, asegura Luis Alonso.