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El hombre de la Armónica de Oro

La música fue el arma que usó Luis Alonso Mijango Broghutroli, de 75 años, para cruzar las fronteras y agenciarse un nombre

Publicada 12 de marzo 2004, El Diario de Hoy

Ahuachapán
Roberto Díaz Zambrano
Diario de Occidente

diariodeoccidente@elsalvador.com

Famoso por su destreza al interpretar melodías de hoy, ayer y siempre, Luis Alonso sigue fiel al espíritu musical a través de su armónica.

La conoció a los 12 años, cuando le robó un colón a su padre, Jacinto Mijango, el director de la Banda Regimental de Ahuachapán, y se compró dos armónicas, a ¢0.50 cada una.

Los instrumentos eran de la marca “Centenaria”, conocidas como dulzainas. Las profesionales reciben el nombre de armónicas.

El entonces niño acompañaba a su progenitor a los conciertos en el parque La Concordia.

A la vez, estudió de primer a tercer grado en la “escuelita”, una centro educativo privado de don Feliciano Rodríguez; luego estuvo en el Grupo Escolar Isidro Menéndez, donde formó parte de la estudiantina que organizó el profesor Ernesto Viscarra.

La edad no impedimento para que el ahuachapaneco siga practicando su instrumento. Foto Diaro de Occidente

“Tuvimos muchas actuaciones estudiantiles”, cuenta el músico.

Su formación educativa continuaría: oficina, en el Instituto Timoteo Liévano, en San Salvador, y la carrera de Tenedor de Libros en el Instituto El Salvador. Pero, al final, se impondría en el joven su afición artística.

Los primos

De todas formas en la sangre estaba la profesión del escenario. Luis Alonso es primo de los famosos Hermanos Cárcamo, con quienes ha participado en ciertas actuaciones.

“El sueño de formar un buen conjunto no me la quita nadie hasta que me muera”, dice Luis Alonso. “Pienso grabar un disco, espero que alguna disquera me dé la oportunidad. Lo organizaría con música de armónica y pistas, algo que la gente poco ha escuchado. Debe fomentarse el aspecto musical de la música suave”.

Entre sus ídolos musicales están Luis Alcaraz, Pedro Vargas, Agustín Lara, Glen Miller y música clásica como la de Beethoven. “Era la música que a mi padre más le agradaba, él me decía que si quería estudiar solfa que estaba dispuesto a pagarme un curso”, recuerda Luis Alonso, quien acepta que admira a los artistas “pasaditos”.

El currículum de este ahuachapaneco incluye presentaciones en las Alegrías Pílsener, con la orquesta de Luis Barrientos, el Teatro Militar, Aniseto Porsisoca y Medina Funes, por todo el territorio nacional.

Sin embargo llegó el momento de salir del país por 1950. Luis Alonso se fue a México, ahí participó con su compañera la armónica en concursos radiofónicos. “Gané el primer lugar, y de allí salieron muchos trabajos”, cuenta.

Los contratos lo llevarían a Acapulco, Cuernavaca, Tapachula, San Luis Potosí, Guadalajara, entre otros estados. Después, el artista estaría en Guatemala. La vida se la ganaría con el grupo “San Luis”, con el cual trabajó por más de 37 años.

El salvadoreño se había unido a músicos de raza negra, lo que fue un atractivo ante los guatemaltecos. Las mejores interpretaciones eran de calipso, reggae, samba y música movida. “La cumbia no la podían tocar, pero los obligué a que aprendieran y fuimos los mejores en esta clase de melodías”, dice orgulloso Luis Alonso.

En esa época, el “San Luis” tocaría en el carnaval migueleño, viajarían a Estados Unidos con su música, “y ahora me encuentro acá en Ahuachapán”, comenta el experimentado artista. Su vuelta a El Salvador sería en el año 2000.

Las 10 consentidas
- Algunos instrumentos musicales datan de 1937 y la última adquisición es de 2004.
- Fueron fabricadas en Estados Unidos, Canadá y México.
- La armónica de mil colones la forman dos instrumentos en una, de puro acorde. Si las ponen juntas miden más de un metro.
- Tiene otra que son tres armónicas en una. Cuesta más de tres mil colones.
- El músico las usa para acompañar o para interpretarlas solas. “Con estos aparatos musicales, se puede acompañar a un trío. Sale una música que hace llorar a cualquiera con la música del recuerdo”, asegura Luis Alonso.

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