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Los pequeños contra los “Goliat”

La gente que más siente las consecuencias del manejo y producción de huevos son los distribuidores y vendedores.

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Santa Ana
Claudia Zaldaña
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Sonia Rodríguez vende huevos en el Mercado Central de Santa Ana. “¡A dólar la docena!”, es el grito de guerra de esta santaneca que desde temprano se coloca en una esquina a vender.

“Se gana, pero lo que cuesta es mejorar los precios de la competencia”, dice la vendedora.

La queja común de los vendedores minoritarios de la plaza es que los huevos de marca se roban a los clientes cuando bajan mucho sus precios.

Las empresas El Granjero, Vita Yema y Alipac con las soberanas de los supermercados.

En los últimos meses, marcas extranjeras han entrado a los estantes del super; sin embargo, aún así las empresas se mantienen fuertes. El problema es cuando éstas ponen en oferta sus productos, bajando sus precios considerablemente.

Las gallinas nunca salen de sus jaulas. Hay un sistema mecánico que recoge los huevos desde los hogares de las aves, cuya misión es poner día y noche. Foto EDH

“Ellos pueden hacer eso, porque producen en cantidades grandes y bajan precios para vaciar bodegas”, explica Rodríguez, quien no puede darse el lujo de vender barato. Tiene una familia que alimentar, recibos qué pagar y alimentos qué servir.

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Los jinetes de las emplumadas
La producción no sólo implica a las gallinas como protagonistas, también hay equipo sofisticado para lograr eficiencia.

En el supermercado, un cartón de huevos cuesta en promedio dos dólares y doña Sonia lo compra, en $2.25 o más. Por tanto, no puede venderlo en menos de dos dólares para mejorar los precios de los grandes.

“Yo trato de mantener los precios, pero a veces pasan los repartidores de marca y nos botan la venta”, se queja la comerciante, cuya estrategia es buscar constantemente granjas que les den más barato para poder competir.

Vaciar bodegas

Los vendedores coinciden que cuando los precios bajan en el supermercado es porque los grandes tienen huevos acumulados en la bodega y necesitan vaciarla. “Los huevos ya no son frescos y tratan de venderlos lo antes posible”, dicen.

Sonia asegura vender huevos frescos todos los días. Los compra en una pequeña granja local y vende un promedio de dos cajas de 12 cartones de huevos al día. En una bolsa plástica vacía uno de los huevos para demostrar el color de la yema (reflejo de la frescura del producto) y atraer a los clientes para que compren un producto de calidad.

Los huevos frescos se venden más, aseguran, porque duran más de una semana conservando su consistencia, sabor y el típico amarillo encendido de las yemas. Si los huevos no están frescos, la yema se pone pálida y cuando se fríen no tienen el mismo aspecto firme de la clara y la yema.

Sin embargo, Carlos Riera asegura que el color de las yemas no tiene nada que ver con la frescura o el color de los huevos en sí (blancos o rojos). “El aspecto de las yemas depende de un aditivo que se coloca en el concentrado y que varía de acuerdo con el productor”, apunta.

Bajo la luz superficial


- Las gallinas duermen poco. Para que las gallinas no dejen de poner huevos se les coloca luz artificial durante toda la noche. Así ellas no descansan en la postura de huevos

- El excremento de las gallinas, comúnmente llamado gallinaza, no se desperdicia. Este se usa como abono para plantaciones de café o maíz.

- En el agua se les colocan sales minerales para complementar la nutrición y mejorar la producción.

- Una pollita recién nacida puede costar entre 3 y 6 colones. Cuando llega a ser adulta vale unos 35 colones en promedio

- Cuando las gallinas llegan a 130 semanas de vida se descartan y se venden para el consumo.

- Una gallina se come cerca de 100 gramos de concentrado al día en el sistema de jaulas y come unos 120 gramos si está en sistema de piso dentro de galeras.

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