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La industria de los huevos de oro

Las granjas de huevos y de pollos de engorde pueden ser rentables si se tienen los recursos para sostenerse en las épocas de crisis económica. Algunos santanecos se atreven a poner sus granjas, pero admiten que cuesta trabajo sobrevivir en el negocio, donde siempre existe la amenaza de los precios bajos y las enfermedades.

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Santa Ana
Claudia Zaldaña
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

El cuento de la gallina que ponía huevos de oro no es tan fantasioso en las granjas de gallinas ponedoras. Aunque estas peculiares aves no ponen literalmente huevos del metal precioso, la inversión que se hace para montar una granja es tan grande que a veces no se compensa con la producción de huevos.

Hay algunas personas que se aventuran a ingresar en esta industria. Todos comienzan por poquito y comprando pequeñas cantidades de pollitos.

Cuando el negocio tienen sus primeros éxitos, los dueños de las granjas empiezan a formar sus propias alas y quieren crecer rápidamente. “Crecer implica muchos factores que no todos los granjeros pueden conseguir”, dice Luis Mario Aguilar, un santaneco que tuvo su granja hace años.

En las granjas, las futuras gallinas ponedoras tienen sus días contados con base en la producción de huevos. Reciben alimentación especial. Foto EDH

Luis Mario relata que en 1993 decidió poner una pequeña granja de gallinas ponedoras, pollos de engorde y cerdos.

También tuvo de cerdos, conejos y ganado lechero y de carne. “Todo iba bien, pero era difícil mantenerse, porque las empresas grandes siempre se comen a los pequeños productores”, recuerda.

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Al principio, compró 300 pollitas ponedoras. En menos de tres años, llegó a tener más de dos mil gallinas en pleno proceso de producción.

Cuatro años después, Luis Mario tuvo que vender la granja debido a que la inversión se volvió más fuerte que la ganancia. Aunque el negocio parecía ir en aumento, no tuvo más opción que dedicarse a otros rubros que sí le resultaron más rentables.

“Este negocio es así”, afirma Carlos Riera, uno de los propietarios de la granja Santa María de Santa Ana, pero acepta que mantener una granja no es cosa fácil. “Hay que luchar con los precios, mantenerse al día con los créditos bancarios, invertir en maquinaria y materia prima para elaborar el concentrado y un sin fin de cosas más. Tenemos casi 20 años de estar en el mercado y nuestro objetivo más grande es sobrevivir”.

Una vez que un productor de huevos crece, no tiene más opción que invertir en su negocio. Entre más animales se tiene, más grande se vuelve la necesidad de invertir e industrializarse.

La industria

Hay una enorme diferencia entre aquellas personas del área rural que tienen algunas gallinas en el patio de su casa a una empresa dedicada a la producción de huevos en masas. “La granja tiene ahora 125 mil gallinas ponedoras. Hemos crecido mucho y ahora debemos sostenernos”, dice Riera.

De esa cantidad de aves, 100 mil están en plena producción. Las restantes se encuentran en la edad de preparación.
En la granja Santa María todos los procesos de producción se han mecanizado. La recolección es automática, así como el reparto de agua y alimento. “La maquinaria ha sido traída del extranjero. Una es de Europa y la inversión supone millones en gasto de equipo”, apunta el propietario.

“No todos podemos invertir de esa forma”, replica Luis Mario. “Hay empresas que pueden crecer de esa forma, pero los pequeños productores apenas podemos sobrellevar el negocio”.

Como Luis Mario, otros pequeños granjeros de la zona occidental luchan para sostenerse en lo que queda de sus negocios. La competencia es dura y los precios variables.

Don Carlos Riera apunta que “mientras uno se mantenga al día en las cuentas y los bancos, las puertas están abiertas”.
“Hay que arriesgarse y tratar de salir adelante", dice Luis Mario Aguilar, quien confía en que el negocio de las granjas y los pollos es el negocio de los huevos de oro.

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