Santa Ana
Claudia Zaldaña
El Diario de Hoy
diariodeoccidente@elsalvador.com
El cuento de la gallina que ponía huevos de oro no es tan fantasioso
en las granjas de gallinas ponedoras. Aunque estas peculiares aves no
ponen literalmente huevos del metal precioso, la inversión que
se hace para montar una granja es tan grande que a veces no se compensa
con la producción de huevos.
Hay algunas personas que se aventuran a ingresar en esta industria. Todos
comienzan por poquito y comprando pequeñas cantidades de pollitos.
Cuando el negocio tienen sus primeros éxitos, los dueños
de las granjas empiezan a formar sus propias alas y quieren crecer rápidamente.
Crecer implica muchos factores que no todos los granjeros pueden
conseguir, dice Luis Mario Aguilar, un santaneco que tuvo su granja
hace años.
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| En las granjas, las futuras gallinas ponedoras
tienen sus días contados con base en la producción de
huevos. Reciben alimentación especial. Foto
EDH |
Luis Mario relata que en 1993 decidió poner una pequeña
granja de gallinas ponedoras, pollos de engorde y cerdos.
También tuvo de cerdos, conejos y ganado lechero y de carne. Todo
iba bien, pero era difícil mantenerse, porque las empresas grandes
siempre se comen a los pequeños productores, recuerda.
Al principio, compró 300 pollitas ponedoras. En menos de tres
años, llegó a tener más de dos mil gallinas en pleno
proceso de producción.
Cuatro años después, Luis Mario tuvo que vender la granja
debido a que la inversión se volvió más fuerte que
la ganancia. Aunque el negocio parecía ir en aumento, no tuvo más
opción que dedicarse a otros rubros que sí le resultaron
más rentables.
Este negocio es así, afirma Carlos Riera, uno de los
propietarios de la granja Santa María de Santa Ana, pero acepta
que mantener una granja no es cosa fácil. Hay que luchar
con los precios, mantenerse al día con los créditos bancarios,
invertir en maquinaria y materia prima para elaborar el concentrado y
un sin fin de cosas más. Tenemos casi 20 años de estar en
el mercado y nuestro objetivo más grande es sobrevivir.
Una vez que un productor de huevos crece, no tiene más opción
que invertir en su negocio. Entre más animales se tiene, más
grande se vuelve la necesidad de invertir e industrializarse.
La industria
Hay una enorme diferencia entre aquellas personas del área rural
que tienen algunas gallinas en el patio de su casa a una empresa dedicada
a la producción de huevos en masas. La granja tiene ahora
125 mil gallinas ponedoras. Hemos crecido mucho y ahora debemos sostenernos,
dice Riera.
De esa cantidad de aves, 100 mil están en plena producción.
Las restantes se encuentran en la edad de preparación.
En la granja Santa María todos los procesos de producción
se han mecanizado. La recolección es automática, así
como el reparto de agua y alimento. La maquinaria ha sido traída
del extranjero. Una es de Europa y la inversión supone millones
en gasto de equipo, apunta el propietario.
No todos podemos invertir de esa forma, replica Luis Mario.
Hay empresas que pueden crecer de esa forma, pero los pequeños
productores apenas podemos sobrellevar el negocio.
Como Luis Mario, otros pequeños granjeros de la zona occidental
luchan para sostenerse en lo que queda de sus negocios. La competencia
es dura y los precios variables.
Don Carlos Riera apunta que mientras uno se mantenga al día
en las cuentas y los bancos, las puertas están abiertas.
Hay que arriesgarse y tratar de salir adelante", dice Luis
Mario Aguilar, quien confía en que el negocio de las granjas y
los pollos es el negocio de los huevos de oro.