Sonsonate
Erika Prado
El Diario de Hoy
diariodeoccidente@elsalvador.com
En 1944, Ricardo Orantes tomó la decisión de vivir de la
fotografía.
Sus primeros pasos los dio junto a su padre Jorge Mejía Fuentes,
quien le enseñó que la foto no sólo era un oficio
con el cual se podía ganar la vida, sino expresar el sentir
de un pueblo.
Su padre se trasladó de Sonsonate a San Salvador, buscando un mejor
futuro, por 1942.
El tenía un trabajo en una fábrica de hilos, pero tiempo
después regresaron a la ciudad de los cocos y se empleó
en la lotería de cartones.
Mejía Fuentes realmente fue un trotamundos. Apenas su hijo
Ricardo tenía 14 años, cuando lo vio partir al Canal de
Panamá. La familia tuvo otro cambio de residencia, la ciudad portuaria
de La Libertad.
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| El experimentado fotógrafo padece de un
tumor, pero su enfermedad no le ha quitado las ganas de seguir en
el oficio. Foto EDH |
En ese tiempo, para poder ayudar a su madre, Ricardo comenzó a
vender botones de propaganda para las elecciones de 1944.
También se inició en la fotografía. Hacía
los botones con pequeñas fotografías, y cuando aprendí
el oficio regresé a Sonsonate.
Ya con mi padre de nuevo en el país, iniciamos con un pequeño
estudio de fotografía en el centro de la ciudad, contó
don Ricardo.
Innovar. Esa fue la consigna del autodidacta de la imagen, quien siempre
trató de estar a la vanguardia, comprando revistas y poniendo en
práctica las técnicas hasta lograr el perfeccionamiento.
Mago de la foto
De 1945 a la fecha, la mayoría de las autoridades que han gobernado
Sonsonate pasaron por el estudio de este mago de la foto. Recuerdo
a todas las personas que viven, han vivido y crecen en Sonsonate,
comenta.
Y muy seguro de su trabajo, en son de broma, afirma: ¡Quien no llegue
a tomarse una foto al foto estudio Richard, no está documentado
en fotografía.
Como un momento trascendental, recuerda la erupción del volcán
de Izalco, en 1966: la tomé de noche, abrí todo el
diafragma a la cámara y la foto salió como si fuese de día.
Actualmente colabora con Flavian Mucci. Toma fotos a las obras en la comunidad
y las imágenes son enviadas a países amigos, cuyo aporte
económico es importante para concretar algunos proyectos del religioso.
Todo cliente de don Ricardo sabe que al final tendrá sus fotografías.
Nunca se me ha velado un negativo, siempre soy cuidadoso,
explica el fotógrafo, quien entre sus parámetros a la hora
de hacer un retrato está inspirarse, observar a la persona o objeto,
buscar el mejor ángulo a la luz natural, encontrando así
el mejor lado de la persona.
Además habla con la persona, para darle confianza hasta que ellos
se sienten cómodos para poder imprimir su mejor postura. Yo
sé cómo hacer un buen retrato, afirma don Richard.
Pero la competencia es dura en el mercado de la fotografía, entonces
la clave de sobrevivencia ha sido adquirir la tecnología de punta
y no defraudar a la clientela, la foto que se toma en el estudio
es profesional y bien tomada, desde la foto estándar hasta la digital,
afirma.
Un enlace importante a la hora de comprar equipo es su hijo Jorge Ricardo
Orantes, quien vive en Nueva York. El envía las nuevas tecnologías
y técnicas para no quedarse atrás. Los otros vástagos
que se dedican a la fotografía, en su tiempo libre, son: Richard,
Jorge y José. Con su esposa Rosa Álvarez de Orantes, tuvo
10 hijos.
Actualmente, tiene un tumor que le ha deformado su cara sobre todo el
área de los labios, pero no las ganas de seguir viviendo
y continuar inmortalizando a las personas que llegan a mi estudio,
afirma tajante el artista de la fotografía.
Para mí la fotografía es más que un arte, que
hace crecer al hombre mismo. La fotografía es el arte
que ilumina el recuerdo de las personas que posee una foto de un ser querido...
Hace 20 años era muy difícil tomar una foto con poca luz
o demasiada luz, hoy en día con las nuevas películas y cámaras
solo es de programarla y el problema está resuelto