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Sonsonate, una ciudad sin relojes

El reloj es pieza fundamental en el que hacer cotidiano, los hay de muchas formas y estilos y por cada casa habrá más de alguno.

Sonsonate
Larissa Velásquez
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
La Iglesia de santo domingo de guzmán tenía un reloj que terminó en San Pedro Puxtla, en Ahuachapán. Foto: EDH

Durante la primera mitad del siglo XX, no había muchas formas para conocer la hora.

En Sonsonate son pocas las personas que recuerdan el silbato del sereno anunciando las horas: “Son las siete, el cielo nublado está”. Mientras, las personas en sus casas se persignaban mientras decían ave María purísima.

Así iba el sereno anunciando la hora hasta la medianoche, su silbato se podía escuchar por toda la ciudad.

Los serenos eran pagados por la alcaldía, había tres que recorrían toda la ciudad.

Con la introducción del ferrocarril en 1882, su silbato, conocido como el “cacho”, sonaba a las 7.30 a.m., 11.30 a.m. y luego a 1:00 p.m. y 5:00 p.m. Eran las horas de partida y llegada del tren. Marcaba asimismo la entrada y salida de los empleados en la ciudad, era su guía.

A pesar de que en la estación funcionaba un reloj público, no era de gran utilidad puesto que en esos tiempos la mayoría de personas no podía leer. Preferían escuchar el “cacho” que, igual que el silbato del sereno, se escuchaba por toda la ciudad.

A mediados de los años 70, el “cacho” dejó de pitar. Los sonsonatecos se quedaron esperando el llamado que hacía, recuerda don Fidel Trigueros, historiador de Sonsonate.

La ciudad se quedó sin hora, el reloj de la antigua estación fue quitado. Sólo quedan algunas fotos de cómo era, en revistas culturales de la ciudad.

Los cambios

Recuerda que en el antiguo edificio de la alcaldía había otro reloj y, se supone, fue el primero que tuvo la ciudad. A causa de la lluvia se deterioró y fue quitado para reparar esa parte del edificio, pero éste fue echado abajo para construir un nuevo local. No obstante, el reloj ya no fue instalado.

Con el paso del tiempo, la modernidad fue llegando a la ciudad y con ella los relojes toda clase. Desde hace varios años la gente los tiene en sus casas o escucha la hora por la radio.

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