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Un
veterano de los lácteos
Don
Porfirio Monterroza es un santaneco y pequeño productor
de lácteos, desde hace 28 años. Su experiencia
lo mantiene vivo en el mercado.
Su
negocio conserva los métodos artesanales de producción,
pero los clientes de su venta de lácteos le reconocen
por sus productos de buena calidad.
Don Porfirio se ha mantenido en el negocio durante muchos años;
sin embargo, admite que se encuentra ante una crisis que a duras
penas puede sobrellevar.
Todo ha cambiado, ahora hay menos ganancias porque la
producción ha bajado debido a diversos factores,
dice.
Algunos de estos factores son la competencia, el libre mercado
y los impuestos que debe pagar cada mes.
Fue después de la guerra cuando la producción
empezó a bajar y cuando más aumentaron los impuestos.
Esto provocó un desequilibrio en el negocio y desde entonces
no ha podido recuperarse.
Para este pequeño productor, ese es sólo uno de
los factores que se suman a la lista de sus problemas.
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Lea
además |
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La leche de los ganaderos
asociados
Sonsonate es una de las zonas ganaderas más fuertes
de occidente. Ahí la Cooperativa Ganadera de
Sonsonate de R. L. mantiene a más de 50 ganaderos
asociados activos.
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Lo que más le daña es la llegada de leche y productos
lácteos del extranjero, a causa de los Tratados de Libre
Comercio. Los grandes siempre se comen a los pequeños,
dice, y eso es un problema general que todos enfrentamos.
El santaneco opina que actualmente es muy difícil levantarse
de la crisis, porque todo empeora con el tiempo y es muy duro
luchar contra los grandes productores.
A él no le preocupan sólo las grandes empresas
nacionales, sino también las empresas ajenas a nuestro
país que cada vez van ganando terreno entre los consumidores.
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| En las pequeñas lecherías,
el personal procesa el producto de una forma artesananal,
pero sin olvidar la calidad. Foto
Nelson Dueñas |
Ana Castaneda es una de las cinco personas empleadas de don
Porfirio. Lleva 17 años laborando en el negocio y siempre
recuerda la época en la que las ventas eran buenas
y había mayores ingresos.
Todo era diferente, se producía más, teníamos
más demanda, pero ahora todo ha disminuido y hay más
competencia de pequeños productores que ofrecen mejores
precios, aunque con productos de menor calidad, dice
Castaneda.
Pequeños compiten
Don Porfirio procesa los lácteos en un local contiguo
a su casa y tiene una pequeña sala de ventas allí
mismo. Los clientes reconocen su puesto como la mejor
venta de lácteos de la colonia Los Pinos.
El artesano sostiene que sus productos han mantenido la buena
calidad desde sus inicios y esa es una de las razones por
las que la gente los prefiere. Antes no tenían competencia
cerca de ahí, pero ahora han surgido otras ventas incluso
en la misma cuadra donde vive.
Esto le afecta, porque aunque sus productos sean de mejor
calidad, la gente busca lo barato sin importarles la calidad.
La mala situación económica de las familias
hacen que el presupuesto alcance sólo para comprar
lo más barato.
A la gente ya no le interesa comprar lo bueno, sino
que compran lo que pueden con lo que el bolsillo les da. La
calidad se ha vuelto algo secundario, puntualiza don
Porfirio.
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Producción a la baja en
la lechería
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| En sus buenos tiempos, cerca de los años
ochenta, don Porfirio Monterroza procesaba 4 mil botellas
de leche. Ahora, únicamente 500. Y el futuro se
presenta incierto |
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| La
gente que busca los productos tradicionales de la
leche, saben donde encontrarlos en Santa Ana.
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De esa cantidad de leche sacan crema, queso fresco cremado,
queso seco, mantequilla, queso fresco descremado y requesón.
A diario, se producen cerca de 20 botellas de crema, 50
quesos cremados y cincuenta descremados. El queso seco
y la mantequilla no se producen a diario, ya que el procedimiento
para su preparación es más largo.
Por otro lado, don Porfirio rememora los tiempos en los
que la botella de leche era mucho más barata. Actualmente,
la botella cuesta tres colones en promedio, pero antes
valía apenas 0.20 centavos de colón. Ahora
cuesta encontrar quien le venda leche barata a uno y además
hay escasez, y por eso no se puede dar más barato,
dice el productor.
Cerca de las nueve de la mañana, llega el camión
a dejar la leche a don Porfirio. El producto es comprado
a ganaderos de la zona del Guajoyo, carretera a Metapán.
Una vez la leche en el taller artesanal, comienza la producción
de los lácteos. Todo se realiza manualmente.
Unas cuatro personas participan en la preparación
y como recursos sólo usan peroles, moldes, paletas,
prensas artesanales para el queso, una hornilla que funciona
con diesel y una máquina descremadora de pequeñas
proporciones.
Sin salida
Don Porfirio asegura que la crisis es grave y que es muy
difícil levantarse con la situación actual.
Aún no sabe cuánto tiempo podrá sostenerse
en le mercado de los lácteos, pues afirma que las
ventas bajan cada vez más, mientras que la materia
prima sube de precio y hay más competencia.
A veces creo que tarde o temprano voy a tener que
cerrar, pero mientras tanto hay que seguir luchando,
manifiesta.
Don Porfirio aconsejaría a los principiantes en
este negocio que mejor se coloquen en otra área,
ya que la situación parece irse poniendo más
negra cada día. |
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