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Un veterano de los lácteos

Don Porfirio Monterroza es un santaneco y pequeño productor de lácteos, desde hace 28 años. Su experiencia lo mantiene “vivo” en el mercado.

Sandra Moreno/
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Su negocio conserva los métodos artesanales de producción, pero los clientes de su venta de lácteos le reconocen por sus productos de buena calidad.

Don Porfirio se ha mantenido en el negocio durante muchos años; sin embargo, admite que se encuentra ante una crisis que a duras penas puede sobrellevar.

“Todo ha cambiado, ahora hay menos ganancias porque la producción ha bajado debido a diversos factores”, dice.

Algunos de estos factores son la competencia, el libre mercado y los impuestos que debe pagar cada mes.

Fue después de la guerra cuando la producción empezó a bajar y cuando más aumentaron los impuestos.

Esto provocó un desequilibrio en el negocio y desde entonces no ha podido recuperarse.

Para este pequeño productor, ese es sólo uno de los factores que se suman a la lista de sus problemas.

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La leche de los ganaderos asociados
Sonsonate es una de las zonas ganaderas más fuertes de occidente. Ahí la Cooperativa Ganadera de Sonsonate de R. L. mantiene a más de 50 ganaderos asociados activos.

Lo que más le daña es la llegada de leche y productos lácteos del extranjero, a causa de los Tratados de Libre Comercio. “Los grandes siempre se comen a los pequeños”, dice, “y eso es un problema general que todos enfrentamos”.

El santaneco opina que actualmente es muy difícil levantarse de la crisis, porque todo empeora con el tiempo y es muy duro luchar contra los grandes productores.

A él no le preocupan sólo las grandes empresas nacionales, sino también las empresas ajenas a nuestro país que cada vez van ganando terreno entre los consumidores.
En las pequeñas lecherías, el personal procesa el producto de una forma artesananal, pero sin olvidar la calidad. Foto Nelson Dueñas

Ana Castaneda es una de las cinco personas empleadas de don Porfirio. Lleva 17 años laborando en el negocio y siempre recuerda la época en la que las ventas eran buenas y había mayores ingresos.

“Todo era diferente, se producía más, teníamos más demanda, pero ahora todo ha disminuido y hay más competencia de pequeños productores que ofrecen mejores precios, aunque con productos de menor calidad”, dice Castaneda.

Pequeños compiten

Don Porfirio procesa los lácteos en un local contiguo a su casa y tiene una pequeña sala de ventas allí mismo. Los clientes reconocen su puesto como “la mejor venta de lácteos de la colonia Los Pinos”.

El artesano sostiene que sus productos han mantenido la buena calidad desde sus inicios y esa es una de las razones por las que la gente los prefiere. Antes no tenían competencia cerca de ahí, pero ahora han surgido otras ventas incluso en la misma cuadra donde vive.

Esto le afecta, porque aunque sus productos sean de mejor calidad, la gente busca lo barato sin importarles la calidad. La mala situación económica de las familias hacen que el presupuesto alcance sólo para comprar lo más barato.

“A la gente ya no le interesa comprar lo bueno, sino que compran lo que pueden con lo que el bolsillo les da. La calidad se ha vuelto algo secundario”, puntualiza don Porfirio.

Producción a la baja en la lechería
En sus buenos tiempos, cerca de los años ochenta, don Porfirio Monterroza procesaba 4 mil botellas de leche. Ahora, únicamente 500. Y el futuro se presenta incierto
La gente que busca los productos tradicionales de la leche, saben donde encontrarlos en Santa Ana.
De esa cantidad de leche sacan crema, queso fresco cremado, queso seco, mantequilla, queso fresco descremado y requesón.

A diario, se producen cerca de 20 botellas de crema, 50 quesos cremados y cincuenta descremados. El queso seco y la mantequilla no se producen a diario, ya que el procedimiento para su preparación es más largo.

Por otro lado, don Porfirio rememora los tiempos en los que la botella de leche era mucho más barata. Actualmente, la botella cuesta tres colones en promedio, pero antes valía apenas 0.20 centavos de colón. “Ahora cuesta encontrar quien le venda leche barata a uno y además hay escasez, y por eso no se puede dar más barato”, dice el productor.

Cerca de las nueve de la mañana, llega el camión a dejar la leche a don Porfirio. El producto es comprado a ganaderos de la zona del Guajoyo, carretera a Metapán.

Una vez la leche en el taller artesanal, comienza la producción de los lácteos. Todo se realiza manualmente.

Unas cuatro personas participan en la preparación y como recursos sólo usan peroles, moldes, paletas, prensas artesanales para el queso, una hornilla que funciona con diesel y una máquina descremadora de pequeñas proporciones.

Sin salida

Don Porfirio asegura que la crisis es grave y que es muy difícil levantarse con la situación actual. Aún no sabe cuánto tiempo podrá sostenerse en le mercado de los lácteos, pues afirma que las ventas bajan cada vez más, mientras que la materia prima sube de precio y hay más competencia.

“A veces creo que tarde o temprano voy a tener que cerrar, pero mientras tanto hay que seguir luchando”, manifiesta.

Don Porfirio aconsejaría a los principiantes en este negocio que mejor se coloquen en otra área, ya que la situación parece irse poniendo más negra cada día.
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