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Tiempo de vacas flacas

El sector de la industria lechera se enfrenta a varios problemas para sostenerse en el negocio. Los ganaderos que se dedican a la crianza de ganado lechero son los primeros en quejarse debido a la crisis.

Santa Ana
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
El mantenimiento de los hatos en condiciones aceptables exige a los ganaderos inversiones fuertes de capital, porque los insumos han subido de precio últimamente. Foto Nelson Dueñas

“Estamos mal”. Con esta frase resume Nicolás Vidal, presidente de la Asociación Feria Ganadera Nuestra Señora de Santa Ana, el estado actual de la ganadería de producción de leche.

El ganadero debe ver cómo sale adelante con sus 700 vacas. La cantidad de animales no es garantía de estabilidad, porque “hay una crisis generalizada que nos está afectando a todos, ya que todo ha subido y cuesta mantener la ganadería”, sostiene Vidal.

“Desde hace algunos años, la ganadería ha venido experimentando un descenso preocupante para todos aquellos involucrados en el quehacer lechero”.

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Para mantenerse en el negocio de la leche, los ganaderos deben invertir no sólo en la alimentación del ganado, también deben comprar maquinaria y equipo industrial.

Su preocupación se une al descontento que siente por el gobierno: “no hay ayuda de parte del Estado para nosotros y no nos ofrecen soluciones a nuestros problemas”.

También la materia prima para la elaboración del concentrado de las vacas era más barata, pero poco a poco se ha visto un alza en los precios. Los ingredientes como la melaza, la harina de soya y el maíz amarillo son más caros y, por tanto, los ganaderos incrementaron sus costos.

Suben precios

Por ejemplo, el quintal de harina de soya valía 25 colones y ahora, 135. Además hay una escasez de la misma y, por tanto, los ganaderos deben comprarla más cara y traerla de otros países. Esto provoca que suban los precios de la leche y, por tanto, afecta toda la cadena de productores de leche y lácteos.

En el campo, los ganaderos se quejan de la falta de personal capacitado. Foto Nelson Dueñas

Actualmente, la producción de leche del hato de Vidal ha bajado: de 3 mil 500 botellas diarias, hoy sólo puede sacar 2 mil 400. “Ya no se puede alimentar bien a todo el hato por la subida de los precios y hay que saber que una vaca mal alimentada produce menos leche”, explica Vidal.

Sin embargo, hay otro factor. La entrada de leche del extranjero. Según el presidente de los ganaderos, esto les afecta, ya que con los Tratados de Libre Comercio muchos ganaderos no pueden colocar todos sus productos en el mercado. Así la invasión de leche en polvo y de leche de caja que entra de Honduras y Nicaragua es preocupante.

A este sentir, se unen los productores de lácteos, cuyo mercado recibe la importación de gran variedad de quesos, cremas y mantequillas que “roban mercado entre los consumidores nacionales”, afirman. Aunque, no todos los productores de leche y de procesamiento de lácteos se quejan del estado actual de esta industria.

Es decir, mientras unos ven el panorama “duro”, otros piensan que también existe el lado “blandito”. César Figueroa, propietario de “Lácteos de Metapán”, se siente optimista ante el Tratado de Libre Comercio y asegura que no todo será negro para los empresarios salvadoreños.

“Nadie va a importar queso de capitas, porque nosotros somos los únicos que lo elaboramos y además la calidad de lo nuestro es buena”, apunta Figueroa. “Los productores de lácteos tendrán la oportunidad de crecer, ya que podremos distribuir nuestros productos en el extranjero sin tantas restricciones, por tanto, tendremos mayor demanda y, por ende, mayor producción”.

Otros productores de lácteos de menor escala han optado por diversificar sus productos para poder salir adelante. Vladimir Orellana es un pequeño productor de Candelaria de la Frontera que hoy se ha enfocado más en la producción de quesadillas.

Competencia

¿La razón del cambio? En la producción de lácteos hay más competencia que en el negocio de las quesadillas.

Su nombre comercial es “Quesadillas La Campesina”, la cual tiene buena aceptación. Orellana abrió cinco salas de ventas, repartidas entre Santa Ana y San Salvador. “La leche y los lácteos ya no reflejaban ganancias y por eso tuvimos que pensar en otro tipo de producto para mantenernos en el mercado”, dice Orellana.

Agrega que, a fin de cuentas, no se ha alejado mucho del sector lácteo, ya que el queso y la crema son el ingrediente indispensable para sus quesadillas.

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