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El desarrollo escasea en los cantones

El interior del municipio de Santa Ana tiene una larga lista de asignaciones al futuro edil

Santa Ana
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com

La escuela del cantón El Ranchador muestra el empuje de la gente del interior para salir adelante, aunque siempre hay necesidades . Foto diario de oriente/ Flor lazo

Muchos de los santanecos de la zona urbana piensan que la vida de los cantones es más tranquila, afirman que la vida del campo es mejor porque está alejada del ruido, de la contaminación ambiental, del ir y venir tan apresurado de la ciudad y, sobre todo, que es bueno vivir en contacto con la naturaleza.

La versión de los que residen fuera de la ciudad no contradice los argumentos anteriores, pero agregan algunos puntos que no todos conocen sobre la vida rural.

“Hay muchas necesidades que la gente no ve, porque nunca ha visitado los cantones y caseríos”, afirma Isidro Ramírez, del cantón El Pinalito.

Aunque todos los cantones tienen vías de acceso, ya sean estas calles o caminos vecinales, para poder llegar a algunos de los cantones hay que viajar por angostos caminos de tierra.

En verano, la vegetación reseca y un polvo muy fino es el paisaje común de las rutas que conducen a los caseríos y comunidades rurales.

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El Pinalito, la prueba del alcalde
El cantón El Pinalito y sus caseríos son todo un reto para un alcalde o alcaldesa que desee proporcionar servicios básicos a las comunidades.

Diario de Occidente viajó a algunos cantones y visitó las comunidades rurales para saber el municipio que recibirá el futuro alcalde o alcaldesa. El viaje es bonito si se disfruta de los paisajes, los árboles y algunos riachuelos que se cruzan por el camino.

El cantón Cutumay Camones, por ejemplo, está relativamente cerca de la ciudad. Muchos asocian a este lugar con el famoso botadero de basura santaneco, sin embargo, Camones no sólo lo forman las casas que están a la orilla de la carretera, tiene caseríos escondidos entre los cerros.
Mientras más se avanza en el camino, más precipicio a los lados de la calle. La zona es accesible para el paso de carros, incluso hay una ruta de bus que lleva hasta otro cantón, Los Apoyos.

Ojos campestres

Después de recorrer un camino soleado, polvoso y solitario, un cabello rubio y unos ojos curiosos aparecieron entre los maizales. Era una niña pequeñita de unos cuatro años que miraba a otros dos niños que montaban a caballo.

Los chicos, de unos 11 años, dirigían sus caballos a paso lento rumbo a sus casas, en el caserío Los Apoyos.

Al llegar a casa, amarraron las bestias y uno de ellos llamó a su madre con un grito. La señora no estaba en casa, estaba platicando en la casa contigua.

La madre del menor salió de la casa de doña Noelia, su vecina, y se fue a atender a su hijo.
Doña Noelia, mientras tanto, daba pecho a su hija de casi dos años. “La vida es difícil cuando uno tiene que mantener a una familia”, expresó la mujer.

Ella cuenta que en ese cantón tienen agua potable y energía eléctrica desde hace dos años y que eso ha venido a mejorar un poco las condiciones en que viven.

El promotor de salud llega seguido a la comunidad y la Policía también hace lo suyo. “De noche no es muy recomendable salir, aunque por lo general aquí es bastante sano”, cuenta doña Noelia.

El contraste

Pero no todos los cantones tienen la misma suerte. En El Ranchador, don José Luis Andino asegura que hay muchos problemas de maras. Este cantón es uno de los más desarrollados del municipio. Ahí existe energía eléctrica, agua potable, vigilancia policial, servicio regular de buses, servicio telefónico, escuela, iglesia y mucho comercio.

Pero don José Luis manifiesta que su familia es uno de los ejemplos para demostrar que en El Ranchador aún hay personas que viven en la pobreza.

En su casa no hay ningún servicio básico: ni agua ni luz. Además, comenta que en el invierno su terreno se inunda debido a una canaleta de aguas lluvias obstruida. “La alcaldía no ha puesto manos a la obra para ayudarle con su problema y que desearía que hicieran una canaleta adecuada para aguas lluvias”, sostiene.
También dice que se necesita más control sobre las maras que “mucho molestan”, pero ante todo quiere agua y luz.

En el cantón Primavera, al lado opuesto al Ranchador, Marta Elena Cruz hacía pastelitos para vender a la gente que salía de la misa dominical.

Su hijo Melvin, de seis años de edad, la observa atentamente sentado en su silla de ruedas. “Él es el menor de los cinco y nació con un problema en la columna”, explica la vendedora. Ella sí cuenta con los servicios básicos de agua, electricidad y escuela.

“Esto no implica que no haya pobreza y que no nos cueste ganarnos la vida”, aclara. En su casa viven seis personas y en la de junto, que es de su madre, viven cinco más. “Hay que trabajar para todos y a nosotros nos cuesta más, ya que no tenemos el apoyo del padre de mis hijos”, cuenta.
Su hermana, que vive con su madre, tampoco recibe ayuda. Su esposo era policía y lo mataron en una riña hace un par de años.

En otros caseríos del mismo cantón, las historias y los paisajes no cambian mucho. Más calles de tierra, más paisajes con árboles y plantas resecas y más familias que viven en la pobreza.
Hasta los cafetales y las milpas se ven entristecidos por el sol que se levanta cada mañana sobre los techos de lámina y las paredes de plásticos y ladrillo de barro.
Los niños parecen todos hermanos, con sus cabellos más rubios por el polvo y no tanto por la genética, y sus pies descalzos que juegan sobre el polvo y las piedras de los rincones más escondidos de Santa Ana.


Hechos y no abrazos
La gente además de abrazos y besos de políticos en estos días de
campaña quiere cosas muy concretas. Aquí está el listado:
- Energía eléctrica. Algunos cantones tienen energía, pero no hay en todos los caseríos. Los caminos son totalmente oscuros y no hay vigilancia.
- Agua potable. Muchos pobladores aún tienen que traer el agua desde las quebradas cercanas, pero su situación se vuelve difícil cuando en verano los afluentes se quedan secos.
- Clínicas. La mayoría de cantones no cuenta con servicios médicos ni unidades de salud.
- Calles buenas. Hay caminos de acceso a los cantones y caseríos, pero deben recibir mantenimiento.

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