| |
Pasitos
de patriotismo
Aquella
mañana, todo parecía normal en el patio del
kinder. Pero de pronto una voz de adulto interrumpió
el bullicio de los pequeños: ¡Atención,
firmes!... De frente... ¡marchen!....
|
|
| La maestra se esmera en mostrar a
sus alumnos la forma correcta de marchar. Además
de las distancia a guardar entre cada grupo. Foto:
Diairo de Occidente |
Al ritmo del redoblante, 56 pequeñitos muy bien formados
levantaban los pies y marchaban simulando un desfile. Había
de todas las edades: de cuatro, cinco y seis años.
Se habían reunido, como siempre, en el patio principal
del Kinder Nacional Santaneco para ensayar las marchas de
la banda de paz, practicar los movimientos de las cachiporristas
y coordinar el paso de los abanderados.
Los niños prestaban atención a los maestros,
quienes les explicaban cómo marchar y comportarse.
Todos, muy atentos, trataban de seguir el paso y no descuidar
detalle alguno.
Por ratos, la formación de los integrantes de la banda
dejaba de ser una línea recta y se convertía
en un fila de curvas divertidas. Pero no importaba.
La marcha debía continuar y todos prestaban más
atención a la música que al entrenador gritando
que se alinearan.
Todo aquello era una fiesta. Un tambor por aquí, un
platillo por allá... de vez en cuando un bombo fuera
de ritmo y una risa de picardía.
Más atrás, varias niñas ensayaban con
gracia y malicia los movimientos de cachiporrista. Las batutas
se movían frenéticamente, mientras las pequeñitas
daban lo mejor de sí en cada movimiento.
Y la maestra no se quedaba atrás. Ella era quien dirigía
los pasos y los cambios de ritmo. Uno, dos... uno, dos...
uno, dos... y la danza con la batuta continuaba...
Bien equipados
|
|
| Cada detalle es aprendido por la joven
banda de paz del kinder. Todo debe estar listo para el
desfile. Foto: Diairo de Occidente |
En la banda había un niño tocando los platillos.
Estaba muy concentrado en las indicaciones del entrenador
y trataba de pegarle con entusiasmo a sus pequeños
platos sonoros.
Por aquello de las emergencias, traía enganchado en
su pantalón el último modelo de celular de juguete.
Además destacaba su versátil personalidad con
unas gafas oscuras, que le protegían los ojitos durante
el ensayo bajo el sol de la mañana.
Otros niños no estaban tan bien equipados, pero les
bastaba con su instrumento musical y su sentido de patriotismo.
Cuando el silbato daba la señal, el ritmo de la marcha
cambiaba. Tienen bien aprendidas siete melodías y aún
tienen tiempo para aprender dos más, antes que llegue
el día del desfile el 13 de septiembre.
Los abanderados practican la marcha también. A un costado
de la banda, los privilegiados que portaran la banda de honor
ponían atención a los movimientos que indicaba
la maestra. Ella también disfrutaba del ensayo y levantaba
bien los pies para dar el ejemplo.
Era divertido ver aquel ensayo de desfile en miniatura, en
donde todo era alegría y entusiasmo.
A guardar el equipo
Después de una hora de entrenamiento, llega el momento
de guardar los instrumentos.
- Hay que llevarlos a un salón cercano, pero en orden.
- Poco a poco, los niños del kinder van pasando por
parejas a depositar los instrumentos en su lugar. Los tambores
a un lado y los bombos al otro.
- Despojados de su equipo y fuera del régimen de la
formación, los niños salen al patio corriendo
y gritando.
- La jornada será hasta la mañana siguiente,
cuando todos salgan de nuevo en una ordenada fila para perfeccionar
la marcha.
- Hay que entrenar duro, después de todo, la satisfacción
llega cuando los pequeñitos se coronan campeones en
el concurso de bandas de paz del Mes de la Independencia.
|
 |