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GUÍA DE INDEPENDENCIA

Pasitos de patriotismo

Aquella mañana, todo parecía normal en el patio del kinder. Pero de pronto una voz de adulto interrumpió el bullicio de los pequeños: ¡Atención, firmes!... De frente... ¡marchen!....

Santa Ana
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
La maestra se esmera en mostrar a sus alumnos la forma correcta de marchar. Además de las distancia a guardar entre cada grupo. Foto: Diairo de Occidente

Al ritmo del redoblante, 56 pequeñitos muy bien formados levantaban los pies y marchaban simulando un desfile. Había de todas las edades: de cuatro, cinco y seis años.

Se habían reunido, como siempre, en el patio principal del Kinder Nacional Santaneco para ensayar las marchas de la banda de paz, practicar los movimientos de las cachiporristas y coordinar el paso de los abanderados.

Los niños prestaban atención a los maestros, quienes les explicaban cómo marchar y comportarse. Todos, muy atentos, trataban de seguir el paso y no descuidar detalle alguno.

Por ratos, la formación de los integrantes de la banda dejaba de ser una línea recta y se convertía en un fila de curvas divertidas. Pero no importaba.

La marcha debía continuar y todos prestaban más atención a la música que al entrenador gritando que se alinearan.

Todo aquello era una fiesta. Un tambor por aquí, un platillo por allá... de vez en cuando un bombo fuera de ritmo y una risa de picardía.

Más atrás, varias niñas ensayaban con gracia y malicia los movimientos de cachiporrista. Las batutas se movían frenéticamente, mientras las pequeñitas daban lo mejor de sí en cada movimiento.

Y la maestra no se quedaba atrás. Ella era quien dirigía los pasos y los cambios de ritmo. Uno, dos... uno, dos... uno, dos... y la danza con la batuta continuaba...

Bien equipados

Cada detalle es aprendido por la joven banda de paz del kinder. Todo debe estar listo para el desfile. Foto: Diairo de Occidente

En la banda había un niño tocando los platillos. Estaba muy concentrado en las indicaciones del entrenador y trataba de pegarle con entusiasmo a sus pequeños platos sonoros.

Por aquello de las emergencias, traía enganchado en su pantalón el último modelo de celular de juguete. Además destacaba su versátil personalidad con unas gafas oscuras, que le protegían los ojitos durante el ensayo bajo el sol de la mañana.

Otros niños no estaban tan bien equipados, pero les bastaba con su instrumento musical y su sentido de patriotismo.

Cuando el silbato daba la señal, el ritmo de la marcha cambiaba. Tienen bien aprendidas siete melodías y aún tienen tiempo para aprender dos más, antes que llegue el día del desfile el 13 de septiembre.

Los abanderados practican la marcha también. A un costado de la banda, los privilegiados que portaran la banda de honor ponían atención a los movimientos que indicaba la maestra. Ella también disfrutaba del ensayo y levantaba bien los pies para dar el ejemplo.

Era divertido ver aquel ensayo de desfile en miniatura, en donde todo era alegría y entusiasmo.

A guardar el equipo

Después de una hora de entrenamiento, llega el momento de guardar los instrumentos.

- Hay que llevarlos a un salón cercano, pero en orden.

- Poco a poco, los niños del kinder van pasando por parejas a depositar los instrumentos en su lugar. Los tambores a un lado y los bombos al otro.

- Despojados de su equipo y fuera del régimen de la formación, los niños salen al patio corriendo y gritando.

- La jornada será hasta la mañana siguiente, cuando todos salgan de nuevo en una ordenada fila para perfeccionar la marcha.

- Hay que entrenar duro, después de todo, la satisfacción llega cuando los pequeñitos se coronan campeones en el concurso de bandas de paz del Mes de la Independencia.

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