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Corina
Bruni
La poetisa de la naturaleza y las leyendas
Su profunda sensibilidad por las cosas cotidianas le dio la
visión clara para escribir a los infantes en fábulas,
cuentos y poesías, las verdades eternas del ser humano:
la bondad, el amor, la verdad , la justicia y la voluntad
de ser mejores.
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| LA POETISA aprendió
a tocar el piano por influencia de su abuelo, que era
un matemático y cosmógrafo que ejecutaba
el chelo y fundó un colegio en Oriente. Foto
Felipe Ayala |
La influencia del campo saturó mi alma de cosas
bellas. Con esta frase lapidaria la poetisa Corina Bruni
selló para siempre un pacto con la sensibilidad.
Ella recuerda que su padre, Héctor Bruni Escobar, era
descendiente de un revolucionario garibaldino; su abuelo,
el doctor Prieto Bruni, llegó a Granada, Nicaragua,
y se quedó para siempre en América.
Nací en la finca Buena Vista, en El Refugio,
Santa Ana, un día de febrero en la época de
la corta de café, recuerda.
Desde el día de su nacimiento, la naturaleza la llenaría
de múltiples sensaciones y emociones. Su poesía
es así, clara y tierna, impulsiva y confrontativa.
El alma se me saturó con luces de cocuyo y olor
a cafetal, por eso es una gran influencia y escribí
el libro Leyendas y Algo Más, cuenta doña
Corina.
En su interior se iba tejiendo el modo de ser del campesino
salvadoreño: son tristes, en sus manifestaciones
artísticas, en sus canciones, asegura.
Me imaginaba las cosas de color, los nombres de las
compañeras en colores, porque los traía del
campo, afirma doña Corina.
La educación que recibió de su padre, Héctor,
y su madre Natalia Aragón fue decisiva en su formación
literaria.
Don Héctor, como buen liberal, nunca la inscribió
en un colegio católico, sino en uno mixto llamado La
Educación. Mis padres nos inculcaron una educación
moral estrictísima, pero eran abiertos a las ideas
religiosas, afirma.
La escritora narra de los tiempos de su infancia, que su padre
era muy cristiano, pero nunca lo vio asistir a la iglesia.
En su mente quedó guardada una frase de su progenitor:
La mejor religión es hacer el bien a quien se
pueda y el mal a ninguno y el perdón es
la venganza del noble.
De su madre aprendió la diversidad y la tolerancia
hacia las religiones. Leía teosofía y libros
de yoga. Para la época de los años 40, eso la
hizo sentirse más libre y diferente... aún ahora,
reflexiona.
Buena lectura
Soy católica, pero no fanática. De Jesucristo
no me cambio, aunque lea budismo y yoga, afirma convencida.
Su profesor, Saúl Flores, la hacía leer pequeños
trozos de poesía, mientras su madre la deleitaba con
Los Castigos, Los Miserables de Víctor Hugo y El Quijote
de la Mancha, de Cervantes.
Quería que ella leyera esos libros, pero doña
Corina escondía novelitas románticas debajo
del colchón de su cama. Su padre optaba por libros
especializados. Los dos eran lectores insaciables.
A los 15 años leí la Cabaña del
Tío Tom. Es una novela tremendamente triste. También
En Armonía con el Infinito y La Ley de la Vida de Rodolfo
Waldo Trine. Éste me atrapó, asegura de
la lectura.
Los libros los trajeron para la época del general Martínez,
para que los leyeran los militares, cuenta la escritora.
Pero su familia se los dio para que observara la vida en realidad
como debería ser.
Pie de foto: La escritora asegura que el contacto, desde su
niñez, con la naturaleza determinó la forma
de entender la realidad.
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| Corina Bruni ha escrito
16 libros: 9 para niños, 2 para adolescentes y
5 para adultos.Foto Felipe Ayala
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Cuentos para niños de la guerra
Al terminar sus estudios de secretaria bilingüe en los
Estados Unidos, Corina Bruni empezó a escribir, cuando
su primer hijo llegó a la adolescencia.
Su primera colección de libros para niños es la
colección Joaquín, en ella aparecen los dibujos
que su hijo hizo en el kinder, primer grado y segundo.
Pero no los escribió para él, sino para los niños
de El Salvador. A partir de ese momento, surgieron libros de
cuentos, de poemas y de leyendas.
De su primer libro para adultos, Altibajos, en 1979, comenta
que fue una catarsis. Luego, Auroras y Ocasos, y así
fue tejiendo uno tras otro hasta llegar a los 16 libros. El
último es Patria Valiente.
Doña Corina enfatiza que nunca se propuso hacerlo sistemáticamente,
sino que las impresiones de la vida le fueron dando el material
para crear.
Durante la época de la guerra todo fue muy difícil,
porque había asesinatos y secuestros y pensé en
los niños, en cómo los iba a afectar, por eso
empecé a escribir para ellos.
Así escribí la fábula Hormiguita y Hormigón,
en octubre de 1982, relata .
Uno de los recuerdos más determinantes en su vida como
escritora es su encuentro, no muy amigable, con el escritor
Juan Felipe Toruño.
¿Usted ha estudiado métrica o retórica?
le preguntó Toruño.
No, no he estudiado le contestó temerosa.
Porque aquí vino una secretaria igual y yo le dije
que no escribiera más. Y ya no lo hizo, la retó
el escritor.
Pues fíjese que yo sí voy a seguir le
aseveró lastimada en su amor propio.
Así fue, el mismo Toruño empezó a publicar
sus poemas en la página literaria del periódico
Latino.
Veinte años después de escribir cuentos, fábulas
y poesía, disfruta de las cosas sencillas y de las buenas
acciones de los demás.
He tenido suerte en que me apoyen en la difusión
de mi obra, finaliza.
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Salvadoreño por la gracia
de Dios
Al
buen salvadoreño va mi canto,
a aquel que rompe el alba con la mano,
al que cuelga su anhelo en el Oriente,
y lleva cual relámpago en la frente
su firme voluntad de subsistir
honradamente, decorosamente.
Al buen salvadoreño va mi canto,
ya sea labriego, doctor o ingeniero,
soldado, educador, artista, obrero...
A aquel que se levanta cada día
soñando:
He de construir la Patria mía,
pues tiene El Salvador que ser más grande
que hoy, que ayer y anteayer,
en un mañana
Y pleno de entusiasmo continúa:
Para eso estoy aquí,
y a darme entero me habré de constreñir.
No seré yo
como aquellos que buscan surgimientos
con formas retorcidas, fingimientos...
Por Dios y por su gracia estoy aquí,
aquí en El Salvador.
Y he de luchar,
con denodado empeño y con ahínco
por obtener
junto con lo que anhelo y necesito
un futuro más claro para mis compatriotas,
sin distingos.
Y en mis postreros años
no obstante haber tenido desengaños
me sentiré feliz
con la satisfacción de lo que di.
Y cuando como a todos
me toque trascender,
moriré agradecido
por la oportunidad de haber podido
como su hijo que soy
entregar lo mejor a El Salvador,
patria donde nací
por la gracia de Dios.
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