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María Marcos Cruz, el petate fue mi vida

¿Quien en El salvador no ha dormido en petate?, pregunta María Marcos Cruz, de 77años. Ella es una artesana del tule.

Sonsonate
Érika prado
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Cada vez hay menos oportunidad de mirar cómo se hace un petate, una tradición que se pierde.
Foto: Erika Prado

Hay que tener mucha paciencia para hacer un petate, porque si no se agarran bien las hebras del tule, el tejido queda mal y ya no se puede arreglar. A sus 77 años, María Marcos Cruz tiene la experiencia suficiente para no cometer ese tipo de errores. Por espacio de 70 años los ha confeccionado.

En la actualidad, doña María enseña a sus nietos como lo hizo un día con sus hijas.

Su nieta Vilma Catalina Cruz, de 12 años, revela a sus compañeros de escuela los secretos de esta artesanía.

María vive en el cantón Anal Abajo, de Nahuizalco, junto a sus hijas y nietos que en total suman más de 15. Ella aún viste como sus antepasados y va descalza.

Materia prima

En la elaboración de los petates se utiliza el tule. Pero de esta fibra que crece de forma silvestre en las orillas de ríos y tiene la forma de los palillos también se hacen otros utensilios.

Para hacer los petates se arranca el tule (no se corta, se arranca al igual que la mata de frijol), luego se le quita la corteza, lo que sirve para las esterillas. La médula interior se emplea como liana, en algunos casos, para amarrar los tamales.

Hay petates de colores. Para hacerlos, la mezcla de agua y anilina se pone a hervir. “En ella se introduce la fibra hasta que toma el color deseado”, dice doña María.

Mucha paciencia requiere la elaboración de petates
Foto: Erika Prado

El tejido implica el sacrificio de permanecer hincado por horas y el procedimiento se compara al bordado de un hermoso tapete. Al inicio, los pies sirven para detener las ramitas de tule.

En la medida que va aumentando el tamaño, la persona se puede sentar en el piso para trabajar de forma más cómoda la pieza hasta que se termina.

Doña María hace dos petates en un día, los cuales vende en el mercado por quince colones. Con este dinero adquiere alimentos para su hogar. Es el recuerdo que tiene de su madre y de la forma en que la crió junto a sus hermanos.

Y es también la forma en que sacó adelante a sus nueve hijos, mientras su esposo trabajaba la tierra. Pero, “hoy sólo cuando me piden encargados los hago, porque me duele mucho estar sentada mucho tiempo”, comenta doña María.

Años atrás, el petate significaba la forma de vida de muchas nahuizalqueñas, pero hoy ha dejado de ser una fuente de trabajo.

“Usted me cayó bien”

María Marcos Cruz recibió a Diario de Occidente en su hogar, por intermediación de una amiga.

“No a toda la gente recibo en mi casa, porque no me gustan los curiosos”, dice la artesana.

“Hay gente que lo ve a uno como cosa rara, y no respetan que nos guste vestir como mis abuelos”. No obstante, “como usted me cayó bien, voy a dejar que me
tome fotos”.

 

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