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Pandillas, el salto sin retorno

Conoce la Policía Nacional Civil el problema de las pandillas? La respuesta es sí, pues hizo un estudio para tener un marco de referencia. Al final, todos tenemos algo que decir en la solución y control de las maras en nuestras comunidades.

Occidente
Sandra Moreno
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Los Grafitos de los mareros avisan sobre cuáles son los terrotorios que controlan. Esto crea miedo entre la gente. Foto: Diario de Occidente

El comisionado Pedro González, subdirector general de la Policía Nacional Civil (PNC), me da un consejo al inicio de la entrevista: al marero hay que llamarlo pandillero, porque el primer nombre les sube el ego.

Sus conocimientos del mundo de las pandillas en El Salvador, y especialmente en el occidente, los obtiene de un estudio que realizó la Policía, pero también de su experiencia de campo.

“En Sonsonate, la Mara Salvatrucha vende droga”, afirma González. ¿Y la 18? El mundo de ésta es el robo, el hurto y los homicidios.

-¿Qué facilita que una mara penetre en un barrio o colonia? -preguntamos al jefe policial.

-Como policía vimos los problemas y nos dimos cuenta de que no era puramente policial, sino que es bien complejo. Quizás en un par de años ya no vamos a firmar la paz con la guerrilla, sino que el gobierno de turno lo tendrá que hacer con las pandillas -reflexiona el comisionado González.

Esto posiblemente suceda debido a que las pandillas son territoriales, buscan controlar y demarcar una zona, y así sentirse protegidos y asegurar los ingresos.

A pagar


Por ejemplo, los que vivan en una comunidad controlada por “x” pandilla cancelarán un impuesto, en la misma forma que se lo pagábamos a la guerrilla durante la guerra.
A la fecha, la autoridad tiene identificados a 10 mil pandilleros. Poseen sus fotos, saben dónde viven y quiénes han muerto. “Yo diría que si no le entramos rápido a esto, van a crecer”, advierte el comisionado González.

Y sus temores tienen fundamento. Si hace cinco años los menores comenzaban a introducirse al mundo de las pandillas a los 14 años, hoy lo hacen a los nueve. Son los hijos de los pandilleros o sus hermanos menores.

El bautizo de la mayoría es la pandilla juvenil. Ahí se encuentran los que todavía tienen un lazo o vínculo con la familia. Se reúnen de forma ocasional y tal vez hicieron alguna “maldad”, como molestar a los del colegio rival. Estos no roban.

336 PANDILLEROS
La Policía Nacional Civil tiene a 336 mareros identificados en Sonsonate.

174 DE MS
De los 336 mareros en Sonsonate, 174 son de la Mara Salvatrucha (MS)

El segundo escalón es la pandilla juvenil delincuencial, la cual sí posee una estructura. Sus miembros son, en un momento dado, utilizados por el crimen organizado para cometer asesinatos. La mayoría rompió con su grupo familiar y dio el salto definitivo a la pandilla.

Los tatuajes

El pandillero consume droga, y los tatuajes aparecen en su cuerpo. Pueden robar, asesinar y responden a un líder. La clica es su base.
Además, tienen grupos que se dedican a reclutar nuevos miembros, de choque para enfrentarse con los rivales y los que comenten los actos delictivos. De ahí al último peldaño, los crímenes, basta un empujoncito.

En la computadora del comisionado González se abre un programa donde se encuentran las fichas de pandilleros como “El Caballo”, de la ciudad de Chalchuapa, en Santa Ana.
Es un salvatrucho de 23 años. La Policía lo ha capturado siete veces. “¿Dígame qué programa de prevención le podemos dar a este pandillero?”, me interroga el jefe policial.
-¿Y si lo meten a la cárcel saldrá mejor o peor? -le respondo con otra pregunta.
-Pero si lo dejo en la calle sería peor, él ya mató a dos niñas -señala-. No queda otra que meterlos a la cárcel.

" Yo soy de los mandos que sostienen que a ellos (a los padilleros criminales) definitivamente hay que sacarlos de circulación de la calle, hay que tenerlos recluidos y no estoy hablando de que a lo mejor se van a rehabilitar... pero estoy evitando que personas inocentes mueran". Comisionado Pedro González, Subdirector General de PNC

La hora de vivir con el enemigo

Si una comunidad quiere evitar la formación de la mara, debe organizarse e intercambiar información cuando llegan los pandilleros
- Las familias que forman un barrio, una colonia, una ciudad, deben estar muy atentas al comportamiento de sus hijos.

- Si los están induciendo a una pandilla, tienen que tratarlos rápidamente, porque contaminarán a toda la comunidad.
- Si la pandilla ya está ahí, las personas tienen que hablar a la Policía.

- Los vecinos tendrán que organizarse, conocer al que vive al lado y estar unidos. Está comprobado que en las poblaciones más compenetradas es más difícil que una pandilla penetre entre sus miembros.

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Desde el “norte”

- La denuncia del arribo de los primeros mareros debe ser oportuna, no esperar a que ya dominen el sector.
- La ciudadanía puede también apoyarse en el deporte o en las escuelas e iglesia para orientar a los jóvenes.

“Yo soy de los mandos que sostienen que a ellos (a los pandilleros criminales) definitivamente hay que sacarlos de circulación de la calle, hay que tenerlos recluidos y no estoy hablando de que a lo mejor se van a rehabilitar... pero estoy evitando que personas inocentes mueran”.
Comisionado Pedro González, subdirector general de PNC.

 

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