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Mundo del Arte

Salarrué
Un mundo lleno de fantasía

El escritor vivió solo con su alma e invadió de personajes y ambientes los paisajes con las costumbres de los salvadoreños. Para ello usó una paleta de colores imaginarios: los espíritus, el aura, la belleza desconocida del cielo y las estrellas.

Sonsonate
Lya Ayala
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
El pintor Valero Lecha, Salarrué, Julia Díaz y el pintor españos Joaquín Vaquero en una exposición en 1960

Hombre invadido por un hálito silencioso, que camina por el mundo con el espíritu a punto de tocar las cosas y traspasarlas para hallar en ellas la esencia de la vida. Así es Salarrué.
Salvador Salazar Arrué se nos presenta a través de su literatura, “vernácula y fantástica”, de esa manera. Para entenderla hay que referirse al pensamiento esotérico, señala David Escobar Galindo, en el “Índice Antológico de la Poesía Salvadoreña”.
Entonces, toda la producción artística de Salarrué: narrativa, cuento, poesía y la pintura muestran su profunda espiritualidad.

El escritor Hugo Lindo, quien en los años sesenta realizó un compendio de la vida y obra del autor, en las “Obras Escogidas de Salarrué”, cuenta en una entrevista: “En esos días mi amigo íntimo Alberto Guerra Trigueros, que tenía una biblioteca, empezó a leerme unas cuantas obras teosóficas, para que yo me diera cuenta de qué era lo que me sucedía. Los Libros me convencían, porque afirmaban cosas que yo ya sabía de antemano, que estaban dentro de mi propia experiencia”.
Añade que “siempre he considerado que es preferible entrar en esas vivencias a través de una acción espontánea, y no por medio de libros, que bien pudieran ejercer alguna suerte de sugestión y desnaturalizar la realidad... Y eso me hizo interesarme en la teosofía en general y, por supuesto, en todo lo que es iniciático”, resume Salarrué.

La búsqueda


Desde los seis años, en la ciudad de Sonsonate, este niño rubio de ojos azules, se distinguió “por la soledad, por el carácter huraño. No le gustaban los juegos activos y violentos, prefería los deleites tranquilos de la inteligencia y la palabra... su imaginación estaba poblada. En ella existía ya una flora de muchas dimensiones y una fauna multiforme, más llena de pájaros que de monstruos”, apunta Lindo.

La disposición a la literatura la descubrió a edad temprana. En 1911, tenía once años y publicó en El Diario del Salvador los primeros cuentos. Su familia se trasladó a San Salvador donde estudió la primaria en el Liceo Salvadoreño, posteriormente, comercio en la secundaria del Instituto Nacional.
El talento del solitario niño no había pasado desapercibido. En la entrevista Salarrué confesaría que “en ese tiempo llega al poder como presidente uno de los Meléndez, que era amigo de la familia, y entonces, deciden, de acuerdo con mi primo César Virgilio Miranda y mi madre, mandarme a estudiar pintura a Estados Unidos”.
La Academia de Corcorán, en Washington D.C., lo recibe. Ahí expone por primera vez en una galería japonesa.

En este punto es importante mencionar las primeras definiciones de Salarrué con respecto a la pintura. Al parecer, en palabras de Lindo, no le agradó el manierismo pictórico que conoció y se definió seguidor del gran pintor español Zuloaga.

El 29 de noviembre de 1930, Salarrué presenta una exposición pictórica.
Raúl Elas Reyes escribe que “Salarrué se nos presenta de tres modos distintos: la pintura poética -ya conocida en él-; la surrealista, y la semiabstracta; tendencias nuevas en el arte salvadoreño”, aparece en el libro de la muestra del Museo Forma de 1984.
Elas explica que la definición de pintura poética en Salarrué se refiere a la suma de las evocaciones y recuerdos de la realidad.

“Esta aparece en sus cuadros imprecisa, teñida de melancolía crepuscular, como los recuerdos evocados en una hora dulce”.
Lindo le habría preguntado acerca de la influencia del mundo astral en el color y la forma de la pintura.

Lo astral


Salarrué la definiría así: “Creo que no hay pintor que no tenga una percepción consciente del mundo astral, porque el ojo se va haciendo a medida que uno trabaja en la pintura; se va tornando capaz de percibir el color como lo ve uno directamente en el mundo astral”.
En marzo de 1934 diría que la pintura realista, la emocional y la meditativa son tres aspectos de la pintura única, y que una verdadera obra pictórica no está completa sin estos tres aspectos.
“Para llegar a realizar de manera trascendental la obra pictórica, hay que subir hasta el plano superior del simbolismo (no entendido como escuela) y abarcar así el conjunto de toda la vida creadora”

Tradición familiar
La pintora Zelié Lardé, esposa de Salarrué, fue de las iniciadoras de la tendencia primitiva en El Salvador.
- Las hijas de Salarrué, Maya, Olga y Aída, siguieron los pasos de sus padres, y se dedicaron a la pintura, considerada ingenua, de gran pureza y bondad. Zelié murió el 27 de octubre de 1974; Salarrué, el 27 de noviembre de 1975.

No estoy en contra de la pintura emotiva; por lo contrario, demasiado apegado a ella me encuentro, pero reconozco y anhelo una pintura que a más de embellecer el alma, embellezca el espíritu, ya que una emoción sin sugerencia es como un pájaro enjaulado, de dulce voz, pero de entumecidas alas.
Salarrué, escritor y pintor

Literatura plástica
La plasticidad de la escritura de Salarrué puede percibirse en la obra O’ Yarkandal
- Hugo Lindo escribe que la interacción entre pintor y escritor permite apreciar que el pintor pinta poesía y el escritor escribe un mundo externo, geográfico, temporal y plásticamente definido. Por lo que en los trabajos pictóricos de Salarrué existen pocos elementos figurativos, sino que su intención es de mostrar símbolos.

Vida y obra del artista

Muchos biógrafos ha tenido el escritor sonsonateco
- Salarrué representa lo más profundamente salvadoreño, por la obra y por la vida. Escritores como Ítalo López Vallecillos, David Escobar Galindo, Matilde Elena López, Claudia Lars, Roque Dalton y Alvaro Menéndez Leal, entre muchos otros escribieron acerca de la extensa obra que abarca unos trece títulos entre novelas, cuentos y poesía.

Expositor silencioso

Salarrué regresó de estudiar de la Escuela
de Concorán a los 20 años
- La familia del escritor incentivó el talento del joven enviándolo a clases con el profesor italiano Spiro Rossolino. Años después, expondría sus obras en diferentes galerías salvadoreñas. Otras muestras que realizó en Costa Rica, Guatemala, Nueva York y Nueva Orleans dan cuenta de la actividad constante del artista como pintor.

Salarrué, el cuentista
Es considerado el maestro del género del cuento en El Salvador y Centro América
- Salarrué publicó en revistas y periódicos desde 1911. Brújula, Síntesis, Cultura y Vida Universitaria y Patria recibieron sus cuentos.
- Salarrué careció, casi toda si vida, de recursos económicos y de un trabajo estable que supliera sus necesidades personales.
- Fue Agregado Cultural de El Salvador en los Estados Unidos y Director de Bellas de Artes del país.
- Recibió la Orden José Matías Delgado, del presidente Rodolfo Cordón Cea. La Academia Salvadoreña de la Lengua le rindió homenaje en junio de 1969.
- Salarrué escribía acostado en una hamaca, de noche, generalmente con bolígrafo y papel que apoyaba en una tabla o libro.
- Algunas de las obras de Salarrué son: El Cristo Negro (1927), El Señor de la Burbuja (1927), O’ Yarkandal (1929), Remontando el Uluán (1932), El Trasmallo (1954) y Catleya Luna (1974).

 

 

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