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Oscar
Matozo
El pesista revelación
La
halterofilia tiene una nueva estrella: Óscar Alexander
Aguilar Matozo. A sus 18 años, se ha convertido en
una promesa para ese deporte nacional.
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| Oscar Matozo recibió los máximos
honores el pasado 5 de mayo, en la entrega de reconocimientos
a las estrellas del deporte salvadoreño. Foto:
Diario de Occidente/Felipe Ayala |
Oscar Matozo recibió los máximos honores el
pasado 5 de mayo, en la entrega de reconocimientos a las estrellas
del deporte salvadoreño. Fue nombrado novato del año
2002, en el certamen de la Espiga Dorada.
Es un reconocimiento muy importante para mí,
me sirve de estímulo para seguir preparándome
fuerte para futuras competiciones, declaró Matozo.
Este deportista nació en Ahuachapán el 27 de
agosto de 1987. Realizó sus estudios primarios en el
referido departamento.
Curiosamente sus inclinaciones deportivas eran hacia el fútbol,
y no hacia el la halterofilia. Pero llegó el momento
que sería trascendental en su vida.
En su escuela le preguntaron sobre qué deporte adicional
al fútbol quería practicar.
Me decidí por el levantamiento de pesas, porque
tenía un amigo que lo practicaba ese deporte,
dice.
Para ese entonces, el atleta tenía tan sólo
12 años. Hasta ese momento no había imaginado
que podría meterme en ese deporte. Luego me comenzó
a gustar más y me dediqué a entrenar todos los
días, recuerda.
Óscar entrenaba en el Círculo Estudiantil de
Ahuachapán. Su esmero, sacrificio y disciplina hicieron
que un miembro de la Federación Salvadoreña
de Levantamiento de Pesas le pusiera el ojo, había
vislumbrado en él a todo un campeón. Fue así
como ingresó a la selección a finales de 1998.
Al siguiente año, sus entrenamientos habían
comenzado a ser más fuertes. Ingresó en la categoría
de 56 a 62 kilos, en la que se coronó como Campeón
Nacional Estudiantil. Al mismo tiempo que entrenaba, estudiaba
bachillerato en el Instituto Miguel de Cervantes en San Salvador.
Pero a consecuencia del cambio de Ahuachapán a la capital
no me acostumbraba a pasar encerrado, me hacía
falta mi familia y mis amigos, por eso dejé de estudiar
y me fui para mi casa un mes, pero continué entrenado
allá; luego me llamaron para que volviera, y volví.
Continuó con sus entrenos de forma ardua, en 2000 retomó
sus estudios de bachillerato. Ese mismo año fue nombrado
como el atleta estudiantil más destacado, pero todavía
no figuraba allende las fronteras.
Cuando terminó el bachillerato decidió parar
de estudiar, para entregarse de lleno a los entrenamientos,
fue entonces cuando comenzó a sobresalir. En los Panamericanos
Juveniles, realizados en Guatemala, el año anterior,
obtuvo una medalla de bronce.
En los Juegos Centroamericanos y del Caribe, realizados afinales
del año pasado en San Salvador, tuvo una opaca participación.
Su última conquista fue el mes anterior, en el Campeonato
Manuel Suárez, realizado en Cuba, en el que conquistó
otra medalla de bronce.
El apoyo
A pesar de que, por obligación, sólo ve a su
familia una vez al mes, los lazos de apoyo que le han brindado
siguen estando fuertes. Mi mamá nunca me ha dicho
dejá ese deporte, siempre me ha brindado apoyo, eso
ha sido importante para mí, comenta Matozo.
También la Federación le ha dado la mano. Desde
que se trasladó al albergue para los atletas, en la
Villa Centroamericana de San Salvador, en la que actualmente
se hospeda, ha contado con una beca y le proporcionan alimentación
e implementos deportivos.
Entrena dos veces al día, dirigido por Roberto Guerra
y Lubomir Illiev (búlgaro). Sus aspiraciones son seguir
creciendo en su categoría, de 69 a 77 kilos, y llegar
a ser algún día tan destacado como Eva María
Dimas, de quien es muy amigo.
En la Villa hay una disciplina que cumplir, es por eso que
en su tiempo libre se dedica a jugar tenis de mesa y escuchar
música.
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