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La
costumbre de vivir entre nubes de polvo
La
gente de Metapán mira impotente las cantidades de polvo
que la baña a diario. Es lo normal, comentan
Wenceslao Martínez
hijo
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
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Tragar polvo es algo
inevitable si usted tiene que viajar a cualesquiera
de los cantones o caseríos de Metapán.
Fotos diario de occidente/ wenceslao Martínez
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Quien visita Metapán con intención de internarse
hacia alguno de sus cantones, debe ir preparado con su pañuelo,
mascarilla o, en su defecto, la mano, para no respirar las
densas polvazones que se levantan por efecto de la brisa o
el paso de vehículos.
Diario de Occidente lo comprobó en la calle vecinal
hacia el cantón Tahuilapa. En el hogar de María,
así se identificó escuetamente la mujer, dos
niños descalzos y vestidos apenas con camisetas jugaban
en el patio, en medio de una verdadera laguna de polvo.
Se divertían indiferentes al aire contaminado que inhalaban,
que era levantado por María a una distancia de tres
metros mientras barría el patio, sin pedir a sus hijos
que se alejaran del sitio.
Ya nos acostumbramos, dijo en forma cortante.
La misma madre señaló que siempre están
tosigosos, hasta nosotros los grandes pasamos moqueando y
tosiendo, pero qué podemos hacer.
Mientras tanto, en la carretera hacia el cantón Tecomapa,
las condiciones son un tanto más graves, debido a que
el polvo es más abundante.
Quien empujado por cualquier circunstancia llega por aquellas
zonas, retorna a casa tosiendo, estornudando, adisgusto
como decimos en salvadoreño, todo molido debido al
dolor de cuerpo, comenta Vicente Estrada Molina, vendedor
de bebidas gaseosas
El ingeniero Napoleón Silva dice que lo he comprobado.
Cuanta vez voy a esos lugares por mi trabajo de agrónomo,
regreso acatarrado, estornudando y adisgusto.
Soy moreno, pero parezco otro al regresar a casa, con
las pestañas y el pelo cernidos de polvo, el cuello
de la camisa negro, dijo Silva.
En un recorrido hacia el cantón Mal Paso, también
por un camino anegado de polvo, se pudo apreciar a grupos
familiares caminando en fila india que regresaban
de buscar leña.
Transitan de esa manera para evitar ser arrollados por vehículos
todoterreno, los más frecuentes por esas zonas debido
al mal estado de las vías.
Para Aquilino, un hombre que lleva 63 años de residir
a la vera de la calle con su familia, ya nos acostumbramos
a vivir en estas condiciones, ya no nos asusta ver tanto polvo,
dice.
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