| |
Época
de la miel propicia los incendios
Los
enjambres que escapan de los apiarios hallan refugio en los
árboles del bosque que circunda el volcán de
Santa Ana. La gente lo sabe y, en esta época, se dedica
a la tarea de buscar los panales para extraer la miel, que
luego venden a turistas
Sonsonate
Enrique Maldonado
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
|
|
|
La naturaleza hará
su parte en la recuperación del entorno.
Fotos diario de occidente/ Alex
Sanabria
|
El incendio que destruyó, la semana pasada, cerca
de 214 manzanas de bosque en el volcán de Santa Ana
pudo ser originado por algún colmenero, dice Gerónimo
Guillén Chávez, porque es la época
de la miel.
La miel está sazona y las personas buscan las
abejas en los árboles del bosque, dice Chávez.
Cuando se les halla, se emplea humo para ahuyentar a los insectos
y extraer su dulce botín; sin embargo, en ocasiones
las brasas que usan para producir humo no son apagadas y es
cuando se originan los desastres.
Pero don Chomo, como le conocen a Chávez en el sector
donde reside, prefiere mirar hacia adelante y, en lugar de
buscar responsables, recomendar que se tomen las medidas tendientes
a evitar que el fuego arrase, en el futuro, con el escaso
bosque virgen del Ilamatepec.
Recuerda que desde niño su padre le inculcó
el respeto a la naturaleza, a formar barreras en zonas de
pronunciada pendiente, para evitar que la escorrentía
lavara el terreno. Don Chomo es consciente de eso y augura
que habrá fuertes corrientes, al ver el aspecto lúgubre
que tiene parte de la ladera occidental del volcán,
tras el paso de las llamas.
Ian Vaerley comparte la visión del campesino y se atreve
a pronosticar problemas en las zonas bajas del cono, cuando
entre de lleno el invierno.
Vaerley es asistente a la gerencia del Programa de Conservación
del Complejo Los Volcanes, administrado por la ong ambientalista
SalvaNATURA.
Y aunque, de momento, no existen el manejo y ordenamiento
adecuados para la protección del entorno en el
Complejo, el Ministerio de Medio Ambiente y SalvaNATURA ya
han iniciado la concepción de esas guías. Se
esperaría que, a finales de junio, esté en
papel y se proceda a su revisión y posterior
aprobación.
Dentro de los planes de prevención siempre se
va a necesitar el componente de la educación de la
gente, dice Vaerley. También es consciente de
que los colmeneros son personas adultas que no van a
cambiar. Esto justifica, entonces, la presencia de guardaparques.
De hecho, la contratación, adiestramiento y dotación
de equipo para este personal figura entre las acciones a desarrollar
en 2003.
También se ha contemplado la delimitación
precisa de las áreas a proteger y el ordenamiento de
actividades productivas, dice el boletín.
Yellowstone
Para el equipamiento se gestionarán donaciones de equipo
para bomberos silvestres, a través de los custodios
del parque Yellowstone, en Estados Unidos, explica Vaerley.
Yellowstone abarca casi 9 mil kilómetros cuadrados
(cerca de la mitad de El Salvador) en los estados de Wyoming,
Montana y Idaho.
En cuanto al personal, señala que será el que
tenía a su cargo la vigilancia en el Parque Nacional
Los Andes, al este de donde ocurrió el siniestro.
Al parecer, la ong que lo administra no cuenta con los fondos
y SalvaNATURA contratará cinco guardaparques. Esperamos
que el próximo año haya más posibilidades
(de tener más vigilantes), añade.
En las tareas de mitigación y prevención de
desastres, la población desempeñará un
papel importante. Recibirá capacitación para
que sepa qué hacer en casos de incendio.
Otras acciones contempladas para este años son: rotulación
educativa y de orientación y diseño de brechas
corta fuego.
La intención de éstas es que, aparte de atajar
las llamas, contar con el recurso como medida de prevención
y no talar árboles cada vez que se desaten las llamas,
explica Vaerley.
De esa manera se protegerían zonas de alta biodiversidad
y las áreas donde hay asentamientos humanos.
De momento, lo inmediato es iniciar los estudios para determinar
la mejor forma de procurar la recuperación de la flora
abrasada.
Todo apunta a que se dejará en manos de la naturaleza.
Es decir, la restauración del entorno será obra
de la misma naturaleza más que por la mano del hombre.
La razón de fondo es que la cicuta o páramo
de altura variedad de planta característica de
la parte alta del volcán es de rápido
crecimiento. Así se protegerá al bosque
en su lenta recuperación, considera Vaerley.
Pero don Chomo dice que en las laderas peladas
la hierba podría crecer. Sin embargo, si el sol es
muy fuerte lo hará hasta que entre de lleno el invierno.
Toda esa sabiduría, producto de la contemplación
y las enseñanzas paternas, ha tratado de compartirla
con sus vecinos.
Señala que incluso ha sido objeto de burlas, cuando
ha intentado hacer conciencia de la necesidad de cuidar la
flora y fauna.
Recuerda que, meses atrás, había logrado la
confianza de urracas, clarineros y hasta de un
gato de monte, que se acercaban a comer pedazos de tortilla
que les lanzaba.
Luego notó la ausencia del felino, hasta que supo,
de boca de un vecino, que lo había capturado para comérselo.
Con un gesto resume la impotencia de saber que lucha contra
la corriente. Pero eso no lo desanima a transmitir su mensaje
a cuanta persona se lo permite.
Lluvia ácida
El plan operativo para 2003 menciona, entre las áreas
críticas, el páramo de altura y bosque
nebuloso.
Estos han soportado, en los últimos años, lluvias
ácidas causadas por el alto contenido de azufre emitido
por el cráter del volcán.
La actividad del volcán de Santa Ana (ver recuadro),
aunque no es frecuente, tiende a causar estragos.
Sin ánimo de echar más leña al fuego,
hay otros factores adversos identificados, entre los que se
mencionan la presión de los asentamientos humanos y
la presión que ejerce la afluencia de turistas al Cerro
Verde. También está la actividad sísmica
propia de nuestras latitudes.
Hasta aquí se ha pretendido dar una pincelada de las
carencias y dificultades en el Complejo. Harían falta
ríos de tinta para acabar de mencionarlos.
Pero la intención es abrir una rendija por la cual
se filtre el gusanito de la conservación. Que el esfuerzo
de don Chomo no sea vano y tanto turistas como pobladores
en la zona del Complejo entiendan y coadyuven a las tareas
en favor del ambiente.
Cronología de las erupciones
La actividad eruptiva del Ilamatepec es otro de los riesgos
para flora, fauna y asentamientos humanos
- Los datos de la actividad se remontan hasta 1520 y 1570,
en tiempos de la colonia.
- 1772, erupción de cenizas.
- 1874, fuerte actividad fumarólica que dañó
plantaciones de café.
- 1879, pequeña erupción de cenizas
- 1880, erupción de cenizas (10 cm. de espesor) y lanzamiento
de escorias.
- 1884, erupción de gases y poca ceniza.
- 1904, dos semanas de actividad simultánea con el
Izalco.
- 1920, erupción simultánea con el Izalco. Descenso
del nivel de la laguna interior
- 1950, débil actividad fumarólica
- Otros riesgos latentes son: lluvia ácida, flujo de
lava y colapso del edificio volcánico.
< REGRESAR AL INICIO
|
 |