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Depredadores
Aún
recuerdo aquel paraje escondido detrás del Círculo
Estudiantil de Santa Ana. Allá por la colonia San Rafael,
en la vía de acceso al beneficio Tres Puertas, unos
amates que por capricho de la naturaleza tenían forma
humana recibían al visitante.
Luis Chávez
betoarevalo@elsalvdaor.com
Las personas de mediana y avanzada edad lo recordarán.
En aquellos árboles era posible observar en la década
de los 70 hermosos monumentos artísticos en los que
fácilmente se percibía a una pareja abrazada,
el vientre de una mujer e incluso unos amantes (y no era cuestión
de imaginación) haciendo el amor.
Me duele aquel recuerdo. Quince años después,
regresé a la escuela Rafael Campos, más conocida
como Ciudad de los Niños, y pude comprobar que aquella
belleza sin igual había sido mutilada por la mano del
hombre.
Aquel paraje era para los santanecos como una joya artística
en la que Dios había ordenado erigir esos frondosos
árboles que no hacían daño a nadie. Al
contrario, deleitaban a los amantes de las artes.
No obstante, parece que alguna mente enfermiza vio en este
paraje natural un atentado vi-sual (y sexual) para las generaciones
futuras y optó por mutilar aquellos frondosos árboles
que no hacían daño alguno.
La depredación de aquellos amates centenarios no podrá
ser recompensada más que por la naturaleza.
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