Italia lanzó la pasta al mundo, con todo y sus muy variadas formas y salsas, pero su origen es incierto. Se cree que su cuna fue China y Marco Polo la introdujo a tierras europeas luego de sus viajes por el Lejano Oriente, pero se han encontrado vestigios que griegos y romanos ya consumían este tipo de alimento.

Lo cierto es que las mujeres italianas la han hecho en casa durante siglos y usaron lo que tenían a mano: harina de trigo, agua y huevo. Los ingredientes básicos siguen siendo los mismos, pero el tiempo y la exigencia de los paladares las ha enriquecido. Ahora se les añade espinaca, tomate e incluso se hacen de harina integral y otras llevan sólo clara de huevo para aquellas personas que siguen una dieta especial.

El procedimiento también se ha mantenido: se mezcla la harina, el agua y el huevo, se amasa todo (a mano o en máquina) hasta tener una masa de consistencia suelta y se le da la forma con máquinas especiales. Hay algunas hogareñas, pero las de formas más caprichosas se hacen en fábricas. Hay pasta fresca y seca.

En el país se consume más la seca por su facilidad de almacenamiento. En ambos casos se trata de carbohidratos nutritivos de fácil digestión, considerados una fuente de energía rápida. Existe la percepción que tienden a engordar, pero eso depende de la salsa con que se acompañe y no de la pasta en sí misma. Por ejemplo, una pasta con salsa de tomate fresco contiene menos calorías que una con la salsa tipo Alfredo hecha con crema y mantequilla.

Su relativo bajo costo, su importante aporte nutricional, su fácil digestibilidad, la variedad de sus presentaciones y la facilidad con que se combinan con vegetales, carnes y distintas salsas la hacen un ali mento de consumo diario en almuerzos o cenas, ya sea como guarnición o como platillo único.

En general, nuestro cuerpo requiere consumir entre un 55% y 60% de carbohidratos, por lo que la pasta se puede incluir de dos a tres veces por semana en la dieta salvadoreña, siempre y cuando no se acompañe con otros alimentos del mismo grupo. Un error frecuente es un almuerzo de espagueti, arroz y tortilla, donde todos los ingredientes son carbohidratos. Lo ideal es combinar la pasta con vegetales, ensaladas y salsas también de origen vegetal, pero no comerla con pan, a menos que al final haya quedado mucha salsa y remojes en ella un trozo de pan.

La pasta puede servirse en cualquier ocasión, desde una sencilla comida informal hasta una fiesta de gala. La diferencia será la salsa. Así, para una reunión de amigos en casa puedes servir una salsa a la putanesca con aceitunas, tomates y anchoas y para una ocasión especial presentar unos ravioles rellenos de tartufo (hongos italianos), de ricotta o de cangrejo. Dependiendo los ingredientes así son las salsas que mejor combinan; por ejemplo, los pescados van bien con salsas blancas hechas con vino blanco, y si son vegetales, saben mejor con salsas rojas, quesos y carnes.

La bebida que mejor va con las pastas es sin duda el vino. El blanco se sirve con pescados y vegetales y el vino tinto si la pasta lleva carnes rojas; aunque en última instancia la mejor combinación es la que resulta agradable al paladar de cada persona.